Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  12 de marzo de 2012
  Juan de Dios Mellado
  El "Gironazo" y Sol de España
  El periódico malagueño Sol de España, en los años del tardofranquismo, marcó una forma de hacer periodismo, incluso en momentos muy difíciles, cuando los prebostes del régimen daban los últimos zarpazos para perpetuarse después de Franco. Y lo primero era amordarzar a la prensa y a los periodistas incómodos.

En el verano de 1974 algo se movía en la política nacional. En la prensa se publicaban algunas “extrañas maniobras” de ciertos “aperturistas”, pero, por lo general, el silencio era el santo y seña en los medios informativos, prácticamente todos ellos controlados por el régimen. La prensa del Movimiento marcaba el tiempo informativo y era difícil y comprometido salirse de los cánones. Sólo algunas revistas –Cambio 16, Triunfo, Cuadernos para el Diálogo– y algún periódico “montonero” se salían del guión que escribían quienes amamantaban al regimen franquista con la idea de la permanencia eternal.

Algunos sindicalistas, una parte reducida de la Iglesia y políticos de izquierdas hacían alardes de imaginación para ir colándose entre líneas, y algunos periódicos y los periodistas practicaban el ejercicio permanente de utilizar el condicional y manejar el idioma y las palabras con sentido doble. Pero el “búnker”, los halcones del régimen no se estaban quietos y sabían que silenciar la prensa rebelde era prioritario.

El “gironazo” acababa de producirse y, por si todo esto fuera poco, circulaba un dossier de pornografía que se utilizaba contra Pío Cabanillas y su equipo. Era, además, un verano especialmente caliente en la Costa del Sol, donde los franquistas, los halcones duros no se estaban quietos y hasta la casa de Girón de Velasco, a los pies del castillo de Sohail, llegaban en romería quienes estaban dispuestos a defender las esencias del franquismo desde la más estricta ortodoxia falangista, representada por “El león de Fuengirola”.

Había en el ambiente sospechas de que Girón tramaba algo, después de su duro alegato en Valladolid y su enfrentamiento visceral contra Carlos Arias Navarro. Hasta el periódico Sol de España llegó la noticia-rumor de que la guardia civil vigilaba la casa de Girón y lo tenían controlado. Una llamada al alcalde de Fuengirola, Clemente Díaz, amigo íntimo y personal, no aclaró nada, pero dejó en el aire que algo estaba ocurriendo en el entorno de Girón. Tanto el director del periódico, Nicolás de Laurentis, como el subdirector, Rafael de Loma, y el redactor jefe, Juan de Dios Mellado, estuvieron de acuerdo en verificar lo que sólo era un rumor. Creo recordar que fue la redactora Juana Basabe quien llevó a cabo toda la investigación, llegando a la conclusión de que todo era un montaje.

El periódico salió desmintiendo que, a consecuencia del “gironazo”, “El león de Fuengirola” estuviera retenido en su domicilio. Al día siguiente, El Alcázar tronó contra los impíos que habían osado mancillar el nombre de Girón y pidió se- veras medidas. El sector ultra del Gobierno presionó para que Sol de España pagase por su osadía de informar y desmentir un rumor, el mismo sector al que no importaba que Girón le tumbara la silla a Arias Navarro, iba presentarse en El Pardo y pedir –exigir, se dijo entonces– a Franco un gobierno de halcones.

Marcelino Oreja, a la sazón subsecretario del Ministerio, “tácito” de reconocido prestigio, tuvo que presentar a la Comisión de Subsecretarios un proyecto de decreto sancionando al periódico malagueño con dos meses de suspensión. La comisión lo aprobó, pero se movilizaron de inmediato los resposables del periódico para impedir su cierre. En Málaga, el presidente del consejo, el empresario Claudio Gallardo, hombre de una acendrada y comprobada fe falangista, de cualificado espíritu de seguimiento al régimen, y amigo personal de José Utrera Molina; y, el consejero delegado, Juan Pablo de Villanueva, que tenía hilo directo con Marcelino Oreja y, sobre todo, con el ministro Pío Cabanillas, visitaron a los miembros del Gobierno. Cabanillas le dijo: “Juan Pablo, no te irrites mucho conmigo; al fin y al cabo, antes de lo que crees vamos a estar los dos en el mismo lado de la trinchera”. Marcelino Oreja, más cáustico, más en la línea democristiana de los “tácitos”, le explicaba a Nicolás de Laurentis y a Juan Kindelán, la teoría según la cual por el sistema de desmentir un rumor se puede acabar inventando cualquier cosa y “hay que proteger el bien común”.
No valieron argumentos, ni amistades. El decreto estaba ya preparado para ser llevado al Boletín Oficial del Estado y ser firmado por el presidente del Gobierno en funciones, el Príncipe de España, don Juan Carlos. Pero entró en liza Luis María Ansón, que era director del suplemento dominical de ABC, con la amenaza velada de publicar un durísimo editorial contra Pío Cabanillas y Marcelino Oreja por la suspensión.
En el Consejo de Ministros de agosto, antes de la égida veraniega, con muchos ministros preparando sus vacaciones en la Costa del Sol, aprobaron, debidamente disimulado entre otros papeles, el decreto de suspensión, pero sólo por quince días y 500.000 pesetas de multa. Los tribunales se pronunciaron a favor de la empresa e incluso el Tribunal de Orden Público (TOP), temido y odiado, absolvió a Nicolás de Laurentis en el proceso que se había instruido a instancias del ministerio fiscal.

Sol de España, de hecho, era el periódico más citado de España: en poco más de dos años, había subido de 3.000 a más de 20.000 ejemplares, se había situado en la línea liberal y social de lo que se podía ser entonces, y era conocido por sus famosos encontronazos con el otro periódico malagueño, el Sur, dirigido por Francisco “Pancho” Sanz Cagigas.

Como analiza el historiador Fernando Arcas, “los problemas de Sol de España con la censura prueban el papel del pe- riódico como voz crítica y disidente –o, simplemente, distinta a la oficial, aunque siempre dentro de un orden– en los medios de comunicación del tardofranquismo e introducen un nuevo elemento de interés por lo que indica de fracturas dentro del empresariado y el periodismo malagueño de la época, tan escasamente estudiada hasta el día de hoy”. Rafael de Loma, en su libro Las manchas del leopardo, donde narra la trayectoria del diario con un fino y profundo análisis del periodismo de entonces, señala que la supensión fue la respuesta de las autoridades a las críticas de articulistas como Ramon Pí o Antonio Burgos a las editoriales incisivas y hábiles para escapar de la censura y a las divisiones ideológicas existentes en el seno del consejo de administración del periódico.

La prensa franquista arremetió contra Sol de España. El Alcázar, especialmente, hablaba de “portugalización” de España; También atacó Arriba desde Madrid y la prensa del Movimiento en Málaga, Sur y La Tarde. Pero la mayoría de la prensa nacional, como Tele-Express de Barcelona, Ya de Madrid, Ideal de Granada, Cambio 16, Sábado Gráfico, Triunfo, Diario de León, Hoy de Badajoz, Argos en ABC, Peces-Barba en Cuadernos para el Diálogo, Josefina Carabias en Ya y otros muchos apoyaron el periódico sancionado.

Sol de España supo sacar réditos de su cierre hasta que años más tarde, ya en plena Transición, dejó de existir al no encontrar apoyos financieros suficientes y hacer que el único empresario que seguía ilusionado con el periódico, Claudio Gallardo, tuviera que arrojar la toalla, abandonado por sus correligionarios. Fue en el año 1982, cuando los socialistas se preparaban para su victoria histórica y llevar a Felipe González a La Moncloa.

Perseguidos por la censura.
Recuerda Rafael de Loma que la censura se cebaba en el joven  diario Sol de España. Se secuestra una edición en 1970 por un artículo sobre el mal funcionamiento de la Audiencia. Y mucha más represión en los años 1971, 1972 y 1973 cuando el periódico saluda con esperanza la llegada de dos jóvenes políticos, Cayetano Utrera a la alcaldía y Francisco de la Torre, a la Diputación como presidente. Este hecho y el cómo se bendecían estos nombramientos, también el de Bolín como alcalde de Benalmádena (el más joven de España), enfureció a las huestes más duras del franquismo.
Otra denuncia fue por un titular de esta guisa: “52 sacerdotes apoyan a los obreros de Citesa”. Sobre la suspensión de quince días del diario por el llamado “Gironazo”, tiene escrito Rafael de Loma que fue una respuesta del franquismo a articulistas como Ramón Pí o Antonio Burgos, a los editoriales “incisivos y hábiles para escapar a la censura (galeradas tachadas en rojo en la siniestra oficina de Información y Turismo de Trinidad Grund).
Tuvo el periódico mucha resonancia a nivel nacional y apoyos decididos que contrastaban con los permanentes ataques del diario Sur y La Tarde de Málaga y toda la prensa franquista.


*Juan de Dios Mellado es periodista.
   
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