Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  22 de noviembre de 2011
  Antonio Mora Saavedra
  "Rebelión de los catetos" en Granada
  La rebelión de los catetos, feliz expresión del periodista granadino Francisco Romacho, supuso la mayor fractura de la historia PSOE andaluz, cuyos final y consecuencias traumáticas para muchos aún continúan frescas en la memoria, calientes en los corazones y candentes aún sus rescoldos, siempre dispuestos a ser avivados por cualquier brisa que persiga cambio y participación, o sus equivalencias, más democracia interna y menos cambalaches en las mesas camilla de las oligarquías. 

Atiborrado de éxito por la impresionante victoria del cambio que llevan a los socialistas y a Felipe González al gobierno de España en 1982,  los alcaldes y líderes locales toman conciencia de la auténtica dimensión de su acción política y gestión pública: han sido principalmente ellos, en los pueblos y ciudades, en el campo y en la mar, en los jóvenes y mayores, en los hombres y en las mujeres, quienes han catapultado desde los gobiernos municipales esa incesante catarata de papeletas con el puño y la rosa en las urnas. Tónica que continuará en las sucesivas elecciones sin distingos del ámbito de su convocatoria. Entre tanto, el personaje clave de la rebelión, un político de raza, entonces y ahora, inteligente, brillante, ambicioso, locuaz en extremo, trabajador, persuasivo y autoritario, Juan Carlos Benavides, el rey de los catetos, desde la plataforma municipal de Almuñécar, un municipio que despega hacia arriba como la espuma, asume la secretaría general del PSOE provincial granadino tras dinamizar las agrupaciones locales de la provincia desde la secretaría de política municipal en la ejecutiva anterior. La desestabilización del estatus de los dirigentes tradicionales está servida; la resistencia, también; la colisión, inevitable: se está gestando el movimiento cateto, otra forma de hacer política, el poder se desplaza a los pueblos, donde están los votos, donde está el socialismo que pone y quita gobiernos y gobernantes.

Juan Hurtado es la persona elegida por Benavides para la presidencia de la Diputación en las elecciones de mayo de 1983 en las que el PSOE obtiene  mayoría absoluta. Rodríguez de la Borbolla, secretario regional, que no ha aceptado el triunfo de Benavides en el congreso provincial, impone como candidato a Javier Torres Vela, condición ratificada por el federal desde el que se actuará a sangre y fuego contra los rebeldes, y en él descuellan por su dureza Carmen García Bloise y Guillermo Galeote. Benavides mantiene a su candidato y tira la toalla orgánica dimitiendo con su ejecutiva en pleno. Madrid designa una gestora que preside Curro Valls, encargada de hacer entrar en razón la disidencia rebelde, cuya influencia se ha propagado como un voraz incendio por la provincia: ha nacido la rebelión de los catetos.  Llamados a las urnas en la audiencia provincial, los concejales socialistas en su inmensa mayoría olvidan en un rincón del bolsillo las papeletas de voto oficiales distribuidas por Valls y depositan cuidadosamente las confeccionadas por los Ernesto Molina, Luis Daza, José Luis Medina, Paco Castellanos, Joaquín Higueras y otros líderes rebeldes, todas plagadas de candidatos catetos. Cuando el recuento vomita sus nombres, Borbolla, Valls y los sumisos oficialistas piensan que el mejor destino que podría dársele a las urnas es romperlas, pero...es tarde, la rebelión de los catetos ha triunfado. El pleno constituyente del día 9 de junio elige a Juan Hurtado presidente de la Diputación granadina. Borbolla declara: “La Diputación ha caído en manos de la derecha”. Se disuelven agrupaciones, diputados electos son expulsados, el cateto Navarro Lamolda, en un cínico ejercicio, se cambia la chaqueta, es la hora de las lamentaciones, surgen mesías y mediadores, Pedro Bofill anuncia normas para el militante arrepentido...todo inútil, consumatum est.

La tentación cateta siempre está presente en vísperas electorales. Su precursor fue un buen cacique alpujarreño, el franquista alcalde de Capileira Manuel Mendoza, que por este método ocupó asiento en Bibataubín con la UCD. El mismo Borbolla meses después probaría la misma medicina represiva a manos de Guerra, quizá por eso se le escapó decir que “el cisma de Granada ha sido una travesura infantil”...a lo que hay que añadir con el Diario de Granada de entonces “...y un juego de niños traviesos y papás severos”. Luego, la Diputación de los catetos fue el desmadre. Algunos, con el partido, perdieron también la vergüenza; pero eso es harina de otro costal.
   
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