Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  27 de septiembre de 2011
  Cristina Mellado
  Manuel Anguita Peragón: "Nos hicimos mayores"
  Once años Secretario Provincial del PCE, tres legislaturas parlamentario andaluz, teniente de alcalde en el primer ayuntamiento democrático en la capital provincial, Manuel Anguita Peragón, maestro y poeta, buen orador, sincero y ocurrente, es uno de los hombres fundamentales de la transición en Jaén.

P- ¿Cómo se interesó por la política ¿le vino de familia?
R- No, mi familia ha sido siempre digamos gente de orden, mi madre ha sido una persona muy religiosa. Sí tuve un tío, practicante en Torredonjimeno, que vivía en mi casa, que mantuvo actividad política en el franquismo en la clandestinidad, y que se suicidó a lo bonzo hacia 1967, pero de eso me enteré más tarde. Yo estuve en los movimientos cristianos, fui por algún tiempo seminarista y recuerdo que en 1970 participé en actividades de cristianos progresistas, pero muy por libre, no enmarcado en la Hoac ni nada de eso, recabando por ejemplo ayuda para las familias de los muertos en la huelga de la construcción de aquel verano de 1970 en Granada. Trabajé bastante con Esteban Ramírez, con quien llegué a tener mucha amistad, que era director de Cáritas, y conservo la documentación de un curso sobre marxismo y cristianismo en 1973 al que fuimos Ramírez y yo.

P- ¿Y la docencia?
R- Yo era director del Colegio Santo Domingo, el antiguo hospicio, que trasladé a la avenida de Madrid. Participé mucho en los movimientos pedagógicos, y en el 76 fui elegido representante de los maestros de toda la provincia. Ya por entonces  la policía iba a verme con frecuencia al colegio, más que nada por fastidiar, pues nunca fui detenido. Unos años antes publiqué un libro de poesía, en el grupo literario El Olivo, al que pertenecía,  y el día que lo presentábamos, en la Cámara de Comercio, lo presentaba Diego Sánchez del Real, fue secuestrado porque incluía un poema al Che Guevara. Yo por entonces no tenía propiamente una conciencia política, sino cristiana, social. Tuve mucha influencia de Alfonso Carlos Comín, que ya no estaba en Andalucía, pero bajaba por aquí, y muchos comenzaron a considerarme del partido.

P- ¿La actividad propiamente política cuando la inicia?
R- Cuando se constituye la Junta Democrática. Yo entro en ella como representante de la cultura y ya me vinculo al PCE.

P- ¿Qué recuerda de aquella Junta?
R- No hicimos mucho, echábamos panfletos y esas cosas; pero encontré allí un grupo interesante. Estaban Felipe Alcaraz, Javier Aguirre, un profesor de la SAFA, de donde lo expulsaron por marxista... Fue muy influyente Filomeno Aparicio, abogado de Comisiones Obreras. Opté por entrar en el PCE, el PSOE apenas tenía entonces presencia en la capital, había contado con un grupo importante -Felipe Alcaraz, Arturo Ruiz-, que luego se pasó al PCE, no sin problemas. En suma, me metí de lleno en el PCE y ahí estoy.
 
P- ¿Cómo era la actividad política en la clandestinidad?
R- Ahora las cosas se magnifican mucho, aunque todo tuvo su importancia, desde luego. Recuerdo las reuniones en el Colegio de Doctores y Licenciados, que desempeñó un papel muy importante, las reuniones también en Cáritas, Esteban Ramírez y Cáritas jugaron también un papel muy relevante, clave, aunque yo le decía a Esteban Ramírez:  “tú eres como el Capitán Araña, que nos embarcas a todos y al final te quedas fuera”. Recuerdo muy vivamente las campañas pro amnistía, un domingo que nos fuimos a repartir panfletos a las puertas de las iglesias y puntos estratégicos; éramos algo peliculeros, pues  disimulábamos los números de la matrícula de los coches, para evitar la identificación. Felipe Alcaraz tenía un coche de segunda mano matrícula de León, lógicamente muy fácil de retener, a mí me tocó la iglesia de Belén y San Roque; íbamos dando los panfletos,  la gente los recogía, quizá creyendo que era algo de las misiones, y con el coche a la puerta por si aparecía la policía.

P- ¿Dónde realizaban los panfletos, alguna “vietnamita”?
R- Había una vietnamita, efectivamente, que tenía Rosario, una destacada militante histórica, pero los panfletos los tirábamos en una multicopista que había en Cáritas, fundamentalmente, y también en el Colegio de Doctores y Licenciados. También por entonces comenzamos a movernos en los pueblos, a contactar con la gente. Sin demasiados problemas con la policía, aunque hay que recordar que aquí en 1970 hubo una ‘caída’ muy importante que prácticamente desarticuló al Partido Comunista en la provincia, sobre todo en Andújar, Úbeda y Torredonjimeno. En la capital había una grupo importante, con personas relevantes como Rosario y Cayetano. Ese grupo nos recibió con los brazos abiertos a los que llegamos en esos años, procedentes sobre todo del mundo de la cultura.

P- Luego llegaron las multas...
R- Llegaron multas, sí, hubo una que nos pusieron, de manera aleatoria, a seis personas. Era la primera manifestación pro amnistía y tuvo notable repercusión;  la multa nos la impusieron a Pilar Palazón, Julio Artillo, Manolo Molino, Javier Aguirre, Gabucio y a mí, pero fue un revulsivo: en el Colegio Universitario, otra institución clave, donde se movían personas como Concha Caballero, se hicieron colectas y actos públicos, aunque era ya el inicio de la transición, 1976,  y había menos peligro. Yo, para entonces estaba plenamente integrado en el PCE; cuando, hacia 1974, pedí formalmente ingresar en el partido, creía que tendría que pasar poco menos que un curso, y la respuesta fue, más o  menos, “hombre, ya tenemos un secretario de educación y cultura"

P- Un bautismo diríamos de fuego.
R- La mía fue una generación que aprendió política a la fuerza, de golpe nos encontramos en los órganos de dirección del partido,  los viejos militantes comunistas estaban en muchos casos cansados y sobre todo estaban anhelando el relevo. Yo me encuentro desde el principio en la dirección provincial del partido y en el primer congreso no clandestino, el IX, en 1977, recién legalizados, me encuentro, sin comerlo ni beberlo, como miembro del Comité Central; lo recuerdo bien,  estaba acojonado, viendo y hablando de tú a tú a gente como Simón Sánchez Montero, Ignacio Gallego,  Santiago Carrillo. Recuerdo cuando hablé; pedí la palabra y salí hacia la tribuna que me temblaban las piernas; pero también percibí entonces que aportábamos savia nueva.

P- Y regresaron los exiliados ¿no?
R- Si, también fue emocionante. Personas como Ignacio Gallego o Félix Pérez, éste, menos conocido, de Martos, se quedó ya a vivir. No era un ideólogo, pero sí una persona relevante que en algún momento se prestó a suplantar en el exilio, en París, a Carrillo porque así de lejos se le parecía bastante. También volvió Juan Manuel García, de Cambil, que ya murió y que tenia una mujer muy inteligente, que había pertenecido a la resistencia francesa, Paula, que ahora vive en París y viene a Jaén de vez en cuando, y que hasta que murió Juan Manuel estuvo de administrativa en el partido.  Pero el regreso más sonado, claro, fue el Ignacio Gallego, aquel 18 de octubre de 1976, en plena feria, aun sin legalizar el partido, aunque por segundo año en la feria montamos una caseta que se llamaba “Andaluces de Jaén”. Coincidió aquel regreso, que congregó a muchos militantes de toda la provincia  con un partido del Córdoba y el Jaén, que arrastró a muchos seguidores cordobeses con indumentarias blancas y verdes y la policía cargo contra todos y  hubo muchas detenciones. Pero la verdad es que todo ello contribuyó a que aumentara la militancia, montamos un partido muy bonito, muy ilusionado, con 7.000 militantes. Comen-zamos a abrir sedes, la de Úbeda por cierto fue en un convento, pero un convento habitado por monjas, en un ala.
P- ¿Cómo vivió la elgalización?

 R- Yo había pasado la Semana Santa en Motril y regrese ese sábado a Jaén. Fui a la casa de Juan Martínez Pozo, en el barrio de Belén, donde nos juntamos treinta o cuarenta personas que organizamos una manifestación, el mismo Sábado de Gloria, por la Carrera y el Centro, con banderas y todo, parte de la gente nos miraba con recelo.  

P- Pese a la alta militancia, hubo un candidato “cunero” en las primeras elecciones, las de 1977.
R- Si, Armando López Salinas, que aquí no conocía nadie, aunque dos o tres meses antes de las elecciones, incluso antes de la legalización, comenzó a venir por Jaén. Como Armando era escritor, aunque ha escrito poco, el primer acto de presentación fue precisamente presentar un libro de poemas mío, que se llamaba el Pitecantropus Erectus, venía a presentarlo, pero en realidad venía a ser conocido. Nosotros no lo cuestionamos.

El Partido era una religión. Hicimos la campaña como pudimos, sin medios. Nos acostamos aquel 15 de junio con un diputado, y nos levantamos sin él. A mí me llamó Fernando Calahorro a las siete de la mañana para decirme que había hablado con el gobernador civil y no lo habíamos alcanzado. No se hundió el partido ni mucho menos, pero es verdad que lo resultados no respondieron a las expectativas que nos habíamos forjado. Teníamos ilusiones y entusiasmo, pero no sabíamos política, hasta el punto de que en los mítines llegamos a decir a los asistentes que si les daba miedo votar comunista, que votaran socialista. En Santisteban de Puerto di un mitin sin nadie, aunque sabíamos que nos oían tras las ventanas,  pero lo iniciamos como si la plaza estuviese llena y acabamos con ocho o diez personas mayores. Fue extraordinario el mitin que dio Santiago Carrillo en la plaza de toros, que se llenó, llegamos a poner mesitas para dar carnés, en el mitin intervinimos hasta once personas. Por cierto, la lista la cerraba Javier Pérez Royo, un detalle que me gustó y a partir de ahí hice mucha amistad con él. Yo fui entonces candidato al Senado.

P- Una campaña  con músicos y cantautores, como era de ley.
R- Si tuvimos bastantes, y todos gratis, Ana Belén y  Victor Manuel al menos dos veces, en Jaén y Linares. Teníamos al pobre Gerena exprimido, no tenía un duro y no le pagábamos. Ya más tarde, Joaquín Sabina. Artistas, desde luego, todos los que pillábamos.

P- A la izquierda del PCE ¿no hubo entonces ninguna fuerza relevante en la provincia?.
R- No, los del PTE nos decían aquello de “revisionistas”, pero era un grupo pequeño, aunque muy activo. Fue importante en algunos aspectos el núcleo anarquista, con José Luis García  Rúa, que entonces era profesor del Colegio Universitario, y Juan Franco. Pero insisto eran grupos muy reducidos.

P- Otra cosa fue la campaña de 1979, entonces si hubo escaño.
R- Fue importante. Cuando se acercaban las elecciones, apareció en la prensa que el candidato del PCE por Jaén era Armando López Salinas. Otra vez. Con Armando habíamos acordado que aunque no había salido diputado, seguiría en Jaén, de hecho  llegamos a alquilarle una casa en la Loma del Rollo, pero Armando se fue, no debió verle color; luego en Madrid movió sus piezas. Aquí dijimos que no y se comisionó a un grupo, del que fui portavoz, para decir a la cúpula del partido que no, que aquí habíamos votado a Felipe Alcaraz. Fue muy duro, allí estaban los Romero Marín, y Sánchez Montero, que me replicó  “camarada, lo que usted dice no es de marxistas”, Lo debatimos, y nos volvimos creyendo que la propuesta no iba a ser aceptada, pero lo fue. Es curioso, por lo que indica de la mentalidad de la época, que contra Felipe Alcaraz llegó a aducirse que estaba separado.  Y se consiguió el escaño.

P- Las primeras elecciones municipales dieron muchos concejales y algunas alcaldías importantes.
R- Si, aunque también sufrimos alguna decepción. Yo era el candidato por la capital, y obtuvimos sólo tres concejales. Pero conseguimos siete alcaldías, entre ellas la de Torredonjimeno, que mantenemos desde entonces, con mi hermano Miguel. Fue también muy importante la alcaldía de Huelma. Guardo muy buenos recuerdos, y no sólo porque éramos más jóvenes, de aquellos años. La verdad es que cualquier cosa que hacíamos era revolucionaria. También, hay que decirlo, fue buena la oposición que hizo UCD.

P- Luego llegaron algunos momentos críticos.
R- Era muy partido muy joven, con mucha ansia, y tuvimos que aprender deprisa. La reunión del Comité Central del ya PCA en la que se decidió la dimisión de Fernando Soto se celebró en Jaén. En la reorganización subsiguiente fue cuando yo accedí a la secretaría provincial. Aquí en Jaén la primera “movida” interna se produjo con la aceptación de la bandera; fue muy fuerte para algunos. Se dijo, incluso, que los estatutos que presentamos para la legalización no eran los aprobados por el partido.

P- ¿Cómo vivió el proceso autonómico?
R- Con entusiasmo: hicimos aquel  hermoso cartel con un balcón cuajado de geranios, muy andaluz, y el lema “que no le falte tu voto”. Nos entregamos a fondo desde los ayuntamientos. Recuer-do el mitin de Rafael Escuredo, impresionante, con María Jiménez, en el Auditorium, llovía a mares, pero allí no se movió nadie.

P- ¿Y el 23-F?
R- Era ya secretario provincial del PCA, tenía la radio puesta, de inmediato hablé con mi mujer, le dije que a casa con los niños y yo me fui a la sede del partido. Y estuvimos con las ventanas abiertas y la luz encendida. Aquí en Jaén grave no hubo nada. Sí hubo mucha tensión en un pueblo pequeño, Lupión, con alcaldía comunista y una extrema derecha fuerte. En la plaza del pueblo había una estatua de Franco y ya mucho antes del 23-F llegaban todas las noches grupos de extrema derecha de Torreblascopedro y de Baeza a cantar el “Cara al Sol” y amedrentar a la gente. Se decidió por ello quitar la estatua. El día en que se hizo fue una fiesta en el pueblo y la estatua se depositó en el calabozo municipal.
 
El 23-F, el alcalde y el teniente de alcalde tuvieron que pasarse toda la noche con la escopeta de caza cargada por si pasaba algo. A las cuatro de la madrugada llevé un artículo al diario “Jaén”, que se publicó aunque el director de entonces me aconsejó que no lo hiciera.

P- ¿Qué recuerda de su paso por la parlamento andaluz, sobre todo de la primera legislatura?
R- Creo que fuimos muy trabajadores, y que nos respetábamos mucho. Cada diputado estaba en varias comisiones a la vez, para ahorrarnos gastos en vez de dormir en hoteles nos volvíamos de madrugada a Jaén. Antonio Ojeda fue un presidente excelente. Mucho trabajo, mucha asistencia, mucho por hacer y mucho asaetear al ejecutivo.

P- Dígame, finalmente, algunos nombres de comunistas de estos años que no deberíamos olvidar.
R- No hablar de Rosario y Cayetano sería imperdonable, han sido el alma. Y con ellos gente como Pepe Checa.
Hay un hombre en Andújar  que es clave, un hombre del campo, emigrante que vuelve,  Carlos Expósito,  que con una “guci” se hizo miles de kilómetros por la provincia para unir a los militantes. Como esos, muchos.
   
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