Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  27 de septiembre de 2011
  Cristina Mellado
  Fernando Arenas del Buey: "Era difícil arrancar competencias al Estado"
  Supo retirarse a tiempo, cuando se desmoronaba la acción reformista, pero Fernando Arenas del Buey tiene detrás momentos claves en la historia política de Andalucía y de Jaén. Nunca fue hombre de partido, pero tenía chispa, intuición, y sabía moverse en las procelosas aguas de la transición política. Estos son parte de sus  recuerdos.

Fernando Arenas del Buey  (nacido en Larache en 1934, pero residente en Jaén desde temprana edad), abogado, fue senador por UCD en 1979-1982, consejero de Sanidad en la Junta preautonómica y diputado de UCD por Jaén y portavoz centrista en el primer parlamento autónomo. Abandonó la política con el desmoronamiento de UCD. Hoy, jubilado, reside en Calahonda, en el litoral granadino. Su  actividad  política,  pues,  nace  y  muere  con  la  transición.

P- ¿Cómo fue su entrada en política?
R- Yo nunca pertenecí al Movimiento. De joven, en aquellos momentos en que mi generación se apuntaba a Falange o a Acción Católica, el ping-pong del Obispado era mejor que el de Falange -los dos estaban muy cerca-. Cuando muere Franco yo soy secretario del Colegio de Abogados de Jaén, tras unas elecciones bastante democráticas. Hasta entonces yo no había tenido grandes preocupaciones políticas, pero me sentía atraído por una cierta visión andaluza, y sobre todo una inquietud por las provincias de Andalucía Oriental, y paralelo un cierto rechazo a la política hecha desde Madrid. En esa coyuntura apareció por Jaén Luis Jáudenes, que lideraba un incipiente partido, Unión Regional Andaluza, URA, que afirmaba no ser ni de derechas ni de izquierdas -aunque luego él se fue a la extrema derecha-, de corte agrarista,  con especial preocupación por Andalucía y que atrajo a un grupo de personas en la provincia como Miguel Pérez Luque, Juan Bautista de la Torre, Alfonso Siles... que me parecieron personas muy estimables, con mucha fuerza, convincentes. Y concurrí como candidato a senador el 15 de junio de 1977. Aquello salió muy mal y lógicamente el partido se disolvió y Jáudenes quedó prácticamente arruinado. Aunque he mantenido mucha amistad con buena parte de aquel grupo. Luego me llamó Fernando Jurado, secretario de UCD en Jaén, que me ofreció ser candidato al senado en las siguientes elecciones, las de marzo de 1979, probablemente influido por mi cualidad de secretario del colegio de abogados, y la labor que en él habíamos realizado, reformándolo notablemente. Y salí elegido en esas elecciones, el único senador que obtuvo UCD.
P- Por entonces, los partidos no valoraban que un candidato cuyo apellido comienza por la a tiene un plus sobre el resto de candidatos al senado de su mismo partido. ¿Se integra plenamente en UCD?
R- Yo entro un poco con el pie cambiado, porque tengo la enemiga de sectores del partido, me dedico a trabajar pero al poco me nombran Consejero de Sanidad en la Junta preautonómica y comienzo a gestionar competencias y a ilusionarme con el trabajo. Pero también compruebo la poca inclinación de las administraciones a ceder competencias, y como en la realidad la administración está por encima de los partidos y no suelta prenda. Fui arrancando poco a poco competencias y recursos. Fue muy difícil. No era sólo la cuestión de tipo político, teníamos una autonomía solo sobre el papel y una administración del Estado que no vuelca ni una peseta ni un funcionario. Comenzamos con un presupuesto total para la consejería de 25 millones de pesetas, y había un secretario general técnico y dos directores generales. Tuve, no obstante, un equipo colaborador de gran nivel, cualificado y profesional, que me orientó sobre las campañas y las actuaciones más urgentes. Y conseguimos arrancar dinero a la administración para tareas concretas. Tuve también que vencer resistencias, de sectores poco democráticos, como precisamente la del por entonces Jefe de Sanidad de Jaén. Me llamó la atención en aquellos años la austeridad de los dirigentes comunistas, la calidad de personas como Tomás García, que era consejero de Economía.  Personas con las que tuve algún enfrentamiento inicial fueron luego amigos, como Juan Zarrías, que entraba en la consejería como Pedro por su casa para pedirme algún favor para su pueblo.

P- ¿Qué recuerda de su etapa como senador?
R- Me siento especialmente satisfecho de una proposición no de ley, que llegó a ser aprobada por el Senado, para que los farmacéuticos pudieran ser  también analistas químicos, lo que les abrió muchas posibilidades profesionales, iniciativa que nació de mi contacto como consejero con los farmacéuticos andaluces.

P- ¿Cómo eran sus relaciones con Rafael Escuredo?
R- Hablábamos con cierta frecuencia, era un hombre sincero, que a veces me advertía de por donde me iban a llegar algunos ataques. Me llevaba bien, como me llevaba bien con Antonio Ojeda. En general, las vivencias personales de aquellos años son muy positivas.

P- Landelino Lavilla es un hombre clave en la transición y líder temporal de UCD en Jaén ¿cual fue su papel en la provincia?
R- Yo en general tuve poca disciplina de partido, lo reconozco, pintaba poco y me preocupaban poco algunas cuestiones internas. Fernando Jurado era, a nivel interno, el hombre fuerte del partido y fue la persona de confianza de Landelino Lavilla, que iba una o dos veces al mes por Jaén. Landelino Lavilla era una persona muy educada, pero a la que costaba mucho trabajo ponerse a la altura, adaptarse al auditorio. Hubo mítines en que tuve que pedirle que se quitara la corbata, reuniones en el campo en las que le enseñaba a manejar una navaja. Yo era un poco telonero suyo.  En aquellos año se creó una buena infraestructura de partido. Fernando Jurado era persona que se movía muy bien, y en los pueblos, vía cámaras agrarias sobre todo, se constituyó una buena base del partido, buena parte de los secretarios de las cámaras, los oficinistas, que conocían bien su pueblo, se hicieron de UCD. Con todo éramos demasiado el partido del gobierno, y eso nos quitó autonomía.

P- ¿Era estrecha la colaboración del empresariado jiennense con UCD en esos años?.
R- La relación con los empresarios la llevaba Julio Aguilar, yo me vinculaba mas bien a los profesionales. Pero no creo que las relaciones fueran muy intensas. Algunos empresarios nos buscaban más en función de ser gobierno que por simpatías hacia el partido. Yo creo que uno de los problemas más graves que ha tenido siempre Jaén ha sido la falta de auténticos empresarios, y desde  luego de empresarios agrícolas.

P- ¿Cómo vivió el proceso autonómico, el referéndum del 28 de febrero?
R- En aquellos años vivimos dos transiciones a la vez, la del franquismo a la democracia, y la de la transformación del propio Estado. Había consenso básico sobre las denominadas comunidades históricas, Cataluña, País Vasco, y se le unió Galicia, pero no sobre el resto. Y después, por una serie de circunstancias, lo hicimos tan mal que Escuredo, no el PSOE sino Rafael Escuredo, dio el salto hacia la autonomía andaluza y su partido no tuvo más remedio que seguirle y luego apuntarse el triunfo. Aquello de la huelga de hambre, todo supuso la debacle para UCD, y el éxito para el PSOE. Luego, como Escuredo se creyó de verdad -yo creo que fue el único de su partido- la autonomía, acabó sobrando. El tiempo ha demostrado lo exacto de algunos temores de entonces. Ahora tenemos una autonomía de segunda.

P- Usted tuvo que pedir el no...
R- Yo tuve primero que ir, ayuntamiento por ayuntamiento, a pedir la adhesión al proceso autonómico. UCD gobernaba en un elevado número de municipios, sobre todo en las sierras, y la llave por tanto en la solicitud de la autonomía, y fui a hablar a favor de la autonomía andaluza a esos pueblos. Cómo no, si yo era consejero de Sanidad de la Junta. Y se consiguió: todos los municipios de Jaén dijeron sí a la autonomía. En la Sierra de Segura, desde luego, había muy pocos autonomistas, yo creo que sólo Bautista de la Torre, una persona cabal.  Luego me encuentro con  que a los pocos meses me dice Madrid aquello de que donde dije diego... y de nuevo a los pueblos. Yo dije entonces que tenía mucho al centralismo de Sevilla, esa fue mi campaña, y creo que los hechos me han dado la razón.
Evidentemente hubo mucha tensión en el partido, la gente lo vivió mal, después del referéndum todo eran malas caras.

P- ¿Estaba usted más bien en aquella batalla de las dos Andalucías, con Antonio Jiménez Blanco y otros líderes centristas?
R- Yo estaba efectivamente en esa línea, con Antonio Jiménez Blanco, con Antonio Iglesias, teníamos incluso una bandera, que era un sol naciente. Pero era una complicación más, si era difícil consensuar la autonomía andaluza, dos Andalucías... era una batalla perdida.

P- ¿Como vivió el intento de golpe de estado del 23 de febrero?
R- Yo había tenido por la mañana una reunión con representantes de ATS en Córdoba y viajé por la tarde en tren, el tren basculante que se le llamaba, a Madrid y allí me entero por un taxista de los acontecimientos. Llamé al Senado, donde no había nadie, me dirigí allí, poco a poco fueron acudiendo más senadores y allí escuchamos el mensaje del Rey. Yo llamé también a mi casa, serían las once y media, mi mujer estaba asustada porque se habían recibido algunas llamadas amenazadoras -que tiempo después identificamos-. Pero en Jaén no hubo ramificaciones y nadie se movió.

P- Concurre en mayo de 1982 como candidato de UCD por la provincia para las primeras elecciones autonómicas.
R- Para entonces ya no había tantos aspirantes, la cosa estaba visiblemente mal para el partido y no hubo muchas dificultades para elaborar las listas. Yo fui consejero de Sanidad hasta el final de la preautonomía, presenté mis cuentas, cerré la etapa y le dimos el traspaso en condiciones a Pablo Recio.

P- Usted tuvo un especial protagonismo en la primera legislatura andaluza.
R- Si, en principio había un candidato a portavoz del partido en el parlamento andaluz, Luis Merino, que había sido el candidato centrista a la presidencia de la Junta, pero Landelino Lavilla no lo vio así y me pidió que fuera yo ese portavoz del partido. Recuerdo que al inicio del periodo pactamos con el PCE, porque AP ya contemplaba un bipartidismo con el PSOE y no quería darnos presencia en la mesa, de forma que con ese pacto conseguimos una vicepresidencia en el parlamento. Algunos dentro de UCD pusieron el grito en el cielo, por haber pactado por los comunistas, y llovieron críticas sobre mí. Aquella fue sin duda una legislatura importante, porque fue la que desarrolló el Estatuto de Autonomía. Hubo momento claves, el principal desde luego cuando el propio PSOE derroca a su presidente, Rafael Escuredo. Escuredo era una ‘prima donna’, pero se lo había currado y creía en la autonomía. Pero no podía ser el Jordi Pujol de Andalucía, y lo dejaron sólo. A Pepote, que era más trabajador y era el partido, yo le advertí por entonces que “quien a hierro mata a hierro muere”.

P- Cuando cesa la legislatura abandona la política.
R- Si, yo no vi claro lo de la operación reformista. Era el momento de volver a ejercer la profesión, y opté por abrirme camino en Madrid.
   
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