Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  27 de septiembre de 2011
  Cristina Mellado
  Gaspar Zarrías Arévalo: "La Fuerza de la Convicción"
  La Fuerza de la Convicción. Estamos, ante todo, frente a un personaje público seguro y convencido de lo que hace. Mamó el socialismo desde niño, junto a su padre, uno de los históricos del partido. Eran tiempos no precisamente gratos y estas dificultades conformaron su vocación y fortalecieron sus convicciones. También la capacidad de resistencia y la voluntad de seguir luchando en pos de unos objetivos muy precisos.

Cuando vivía en Madrid quiso ser futbolista, del Atlético por más señas, pero se ha convertido en un corredor de fondo y de largas distancias. En su biografía hay retiradas estratégicas, sin abandonar por un momento la lucha y la brega. Se mueve con suma habilidad y aplica con exactitud un código medido: diálogo el que sea necesario, dureza la precisa, pactos y acuerdos los convenientes.

Así funciona dentro y fuera del partido, lo que le ha valido algún que otro apelativo en referencia a una hiperactividad agotadora o al deseo de controlar los mecanismos de poder y decisión. Le llaman el “Zar de Jaén”... Por encima de denominaciones, sin embargo, hasta sus más directos adversarios, cuando le rechazan o critican, son incapaces de evitar ciertas dosis de admiración por su capacidad y su trabajo.
Empezó en la etapa preautonómica, desde Jaén, y colaboró después en Sevilla con Rafael Escuredo, José Rodríguez de la Borbolla y, en la actualidad, con Manuel Chaves, ocupando siempre puestos delicados y de máxima confianza. Esta experiencia la hace buen conocedor del terreno y aunque no le agrada dar pasos en falsos, tampoco teme pisar los callos y los charcos que encuentra en el camino.


Rescoldos de la memoria. De sus primeros años guarda algunos recuerdos que le marcaron de por vida. “Acompañaba a mi padre cuando se citaba en Sevilla con Alfonso Fernández Torres. Mientras hablaban en la garita del garaje donde éste trabajaba, yo jugaba al fútbol entre los coches. Luego mi padre me comentaba algunas cosas. Alfonso Fernández era uno de los grandes referentes del socialismo en el interior y, antes del Congreso de Suresnes, en los últimos años del franquismo, fue una pieza clave en la reconstrucción del PSOE”.

Conoció el exilio y el encarcelamiento de su padre en Madrid. Esta difícil situación, no le impidió el contacto con la realidad jiennense, ya que “cuando podía bajar a la provincia, le acompañaba algunas veces. Todo era entonces muy complicado; había que contactar con personas sin más apellido que el ser socialistas y afanarse por mantener viva la llama del partido”.
Compaginaba su afición al fútbol con los estudios de derecho e intensificaba al mismo tiempo su militancia política, siempre muy cerca de quienes, como su padre, supieron mantener encendidos los rescoldos socialistas en los pueblos y ciudades de Jaén, donde la represión había sido durísima. “Tal vez más que en ninguna otra parte, a excepción de Asturias. Por esta razón el socialismo había echado raíces muy profundas. Costó trabajo dar con éllas, porque los militantes eran pocos, estaban demasiado disgregados y tenían aún el miedo metido en el cuerpo; pero ahí estaban, se habían ocultado bajo las piedras”.

Los intentos más serios de organización datan de 1974-75, “pero sobre todo a raíz de la muerte de Franco y en febrero de 1977 cuando, por fin, se legaliza el partido. Hasta las elecciones de junio de aquel año, establecida la familia de nuevo en Jaén, transcurren cuatro meses trepidantes”.

“Hay que tener en cuenta -recuerda Gaspar Zarrías- que recuperar y revitalizar el PSOE fue algo realmente duro, al tiempo que ilusionante. Las condiciones de vida en gran parte de la provincia, el aislamiento de algunas zonas, la pobreza, el paro, los problemas del olivar y de las comarcas rurales, así como la presencia de una derecha enquistada en los centros de poder, hizo más difícil todo el proceso. Parece contradictorio, pero es verdad que no siempre las situaciones de atraso y subdesarrollo facilitan la implantación de las ideas progresistas o de izquierda”.
De aquel tránsito a la legalidad hay momentos imborrables. “Los viajes de pueblo en pueblo se convertían casi en un calvario por la lejanía y la falta de medios”. Merecía la pena, sin embargo, luchar por los derechos y las libertades en una provincia donde, por las mismas causas, tantas familias habían dejado algún muerto en la cuneta”.

“Se producían además otras muchas compensaciones: la confluencia de dos generaciones de socialistas, padres e hijos, muchos de los cuales pasaban a ocupar la primera fila; el ejemplo de Torreperogil donde Alfonso Fernández, pese a su exilio y persecución, había conseguido mantener una estructura que fue como una levadura para otras localidades; el trabajo y la entrega de veteranos e históricos, como Paco Fonta, que nos marcaron de una manera decisiva; el entendimiento entre partido y sindicato, con especial incidencia en Jaén de los militantes de la FTT-UGT, cuyo papel sería fundamental en la dinamización de la población trabajadora; y, por supuesto, las primeras apariciones públicas del PSOE”.

Empezaban a pronunciarse, todavía con sigilo y ciertas precauciones, algunos nombres, cada vez más conocidos, que habían surgido durante la clandestinidad y aparecían ahora ante la opinión pública liderando el nuevo proyecto socialista. Aún no había sido legalizado el partido, cuando se produjo la primera visita de Felipe González a Linares y la reunión que tuvo lugar, también en la Ciudad de las Minas, en la que intervino Alfonso Guerra ante unos 200 militantes y simpatizantes, que le costó una fuerte multa gubernativa y que sirvió para presentar la ejecutiva provincial, con Julián Jiménez Serrano como primer Secretario General de la etapa que entonces se abría.

“Algo que me llamó la atención y que siempre recuerdo de aquellos años era hablar con la gente, incluso con personas que no eran socialistas, y comprobar el alto concepto en el que tenían a nuestros militantes, en especial a los mayores y más veteranos: honradez, seriedad, trabajo, formalidad. Aquello me impresionó profundamente porque, además, ibas por los pueblos y te encontrabas que era así, que en su inmensa mayoría, era gente honrada, cabal, responsable, con la formación que da la vida y con un gran arraigo y prestigio entre sus convecinos. Cuando empezaron de nuevo a tirar, el partido cobró en las comarcas jiennenses una fuerza inusitada. No es de extrañar, por tanto, que en las primeras elecciones municipales de la democracia, los socialistas se presentaran con candidaturas propias en todas las localidades de la provincia, salvo en Fuerte del Rey”.


Primeras comparecencias electorales. “En Jaén, tal vez como en ninguna otra provincia andaluza, la confluencia de veteranos y jóvenes fue especialmente fructífera”. Lo fue, como queda dicho, en la ardua tarea de reorganizar el socialismo y volvería a serlo en los procesos electorales que se avecinaban.

Las elecciones en libertad es la gran fiesta de la democracia, del pueblo, y, para las familias que habían sufrido en propia carne la represión franquista, era además como la liberación y definitiva superación de una larga pesadilla. “Tanta lucha, tanto sufrimiento, tantos sacrificios se enterraban de golpe, cuando nos acercábamos a votar”, evoca con nostalgia y sentimiento el propio Gaspar.

Alfonso Fernández Torres encabezó en 1977 la primera lista de diputados al Congreso y Juan Zarrías Jareño, “mi padre, fue elegido Senador por la provincia”, uno de los momentos más emotivos que recuerda. Junto a ellos, aparece una pléyade de jóvenes -Cristobal, Emilio, Fernando, Cándido, José María...-, de los que “no es necesario dar los apellidos porque es suficiente con el nombre”.

Había un ambiente bastante bueno, dentro de un equipo humano que funcionaba con entendimiento y efectividad, según demostraba tanto la expansión y consolidación del partido, como los resultados electorales. “También hubo tensiones, las lógicas y normales en estos casos y en otros lugares”. En Jaén se agudizaron especialmente, cuando llegó el momento de elaborar las listas para la nueva cita con las urnas en 1979.

Fernández Torres había fallecido en un trágico e imprevisible accidente ferroviario. El Comité Provincial propuso que le sustituyera su hijo Alfonso Fernández Malo. Desde Madrid, sin embargo, designaron a Miguel Boyer, un nombre prestigioso entonces, pero cuyo origen y procedencia mal disimulaba su condición de “cunero”.

Con este motivo, “se armó una bastante gorda”. En pleno mes de mayo los militantes de la agrupación de Torreperogil se fueron a la calle García Morato, sede de la Ejecutiva Federal, planteando que permanecerían allí hasta que no se cambiara la lista, pero la decisión Boyer era firme y se mantuvo.
Gaspar Zarrías que conocía y tenía cierta amistad con el candidato propuesto, rememora aquellos días y acontecimientos como los que marcaron un antes y un después en el devenir del PSOE en Jaén. “Presentamos oficialmente a Miguel que, por cierto, se dejó la piel en un mes y medio de campaña por la provincia. Yo era el coordinador de actos y empezamos por los pueblos, Villacarrillo, Cazalilla, Martos..., y creo que fuimos capaces de recuperar el pulso del socialismo y hacer honor al esfuerzo de nuestros precursores, muchos de los cuales estaban en las listas y seguían tirando del carro”.


Crisis y desencuentros. No todo fue un camino de rosas. Los socialistas de Jaén han padecido situaciones de crisis, casi desde el principio. Una de ellas quedaría grabada en la retina de Gaspar. Fue en el año 1979, “precisamente cuando el partido obtuvo sus mejores resultados y consiguió mayor tirón popular. Y eso, pese al conflicto surgido en la agrupación provincial, donde habían chocado dos tendencias casi históricamente consustanciales a nuestro partido. Por un lado la candidatura moderada de Fernando Calahorro y, por otro, la más radical, encabezada por Alfonso Fernández Malo. Ganó la primera y Alfonso, junto con Marcos Gutiérrez y otros compañeros, crearon Izquierda Socialista. Las divergencias y tensiones alcanzaron por momentos una alta temperatura, amortiguada sin embargo por la amistad y las complicidades creadas en tiempos difíciles que la mayoría habíamos compartido”.

En las elecciones municipales de aquel año, pese a haber obtenido más votos la UCD, la izquierda se unió para conseguir más alcaldías, entre éllas la de la Capital. “El pacto entre PSOE y PCE no produjo sobresalto alguno, y menos en una provincia de izquierdas como Jaén. Ganamos en credibilidad ambos partidos, sobre todo el PCE, porque los ciudadanos vieron que los comunistas estaban preparados para gobernar”.

Otra crisis vivida con especial intensidad en Jaén fue la originada en torno al 28º Congreso, cuando el PSOE abandonó la línea estrictamente marxista. Muchos militantes, sobre todo algunos de los más antiguos, no terminaron de entender este acuerdo.
“Lo pasamos mal, recuerda Zarrías, porque la mayoría de las agrupaciones votaron la tesis marxista y provocaron, de alguna manera, que se fuera Felipe. Precisamente es en Jaén donde Felipe González se faja con el problema: recorre la provincia, se mete en las agrupaciones, debate, discute, expone sus puntos de vista, se adelanta años al lógico discurrir futuro del socialismo europeo. Con Felipe va Carmen García Bloise y Alfonso Guerra, socialistas que gozan de enorme prestigio en Jaén”.

En conclusión: “Se produjeron inevitables heridas, pero siempre, por encima de cualquier situación o por difícil y complicada que fuera, al final se impuso el parecer de la mayoría y el interés general de los ciudadanos”.


La lucha por la Autonomía. “He vivido momentos que son irrepetibles, que se quedan grabados en la retina y en el corazón; en los sentimientos más profundos. Las primeras manifestaciones del 1 de Mayo por el Paseo de la Estación, el 4 de Diciembre, cuando veinticinco mil jiennenses salimos a la calle para pedir autonomía y sobre todo el 28 de Febrero, cuando el pueblo dijo sí. Entonces piensas que merece la pena estar en política y defender unos ideales”.

Zarrías vivió en primera fila todos estos acontecimientos que cambiaron la historia reciente de Andalucía. “De todos modos en provincias como Jaén el sentimiento autonomista no estaba aún enraizado; ni siquiera entre los socialistas, al ser el nuestro un partido fuertemente centralista. Pero las circunstancias, la propia estrategia política, el tirón de Escuredo, fueron hechos que hicieron volcarnos con toda la fuerza”.

“Planteamos y llevamos a cabo una campaña intensa, preciosa y exigente. Nos dábamos cuenta de algo importante y es que el pueblo, sobre todo en las zonas deprimidas, asimilaba autonomía a más libertad, a menos paro, a más ayuda y mejoras laborales, a cambios profundos. Creo que este sentimiento era coincidente con el resto de las provincias andaluzas, pero más acentuado, si cabe, en Jaén”.

El resultado fue tan apretado que hubo que hacer un recuento, comprobando el censo y revisando papeleta por papeleta, hasta que la Junta Electoral, proclamó el triunfo del sí por un escaso margen. La conquista de la autonomía plena y la gran victoria socialista del 82... “Echas la mirada atrás, recordando aquellos años en Madrid y en Jaén con el grupo socialista de históricos, los viajes con mi padre o aquellos meses en que tenía que ir de taberna en taberna porque la policía tenía vigilada la casa de mi abuela, el exilio, la cárcel, etc., y te dices que todo mereció la pena”.
   
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