Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  27 de septiembre de 2011
  Cristina Mellado
  Leocadio Marín: "Jaén: una caldera a punto de estallar"
  Leocadio Marín Rodríguez (Baeza, 1942), ha sido el primer presidente de Diputación de la democracia en Jaén, en 1979-1982, Delegado del Gobierno en Andalucía, Presidente de Cruz Roja en España, Consejero de Agricultura en la Junta de Andalucía. En todos esos cargos ha ido dejando huella por capacidad de trabajo, eficacia y sensatez. Hoy es profesor de 82 niños paralíticos cerebrales en un centro sevillano. Piensa que Jaén era, durante la dictadura, una caldera a punto de estallar y que la democracia, la forma en que se realizó la transición, fue el principio de un cambio fundamental.

P- ¿La vocación política le llega por vía familiar?
R- Sí, mi padre era un represaliado de Franco y el ambiente en que yo me crié en Baeza era socialista, con las noches en silencio oyendo muy bajito Radio España Independiente y mi padre siempre con la ilusión de que Franco iba a caer. La política para mi es un proceso vital, y cuando entro en el Colegio Universitario de Jaén, la primera promoción, 1970-1971, coincido con un grupo de gente, profesorado y alumnos, que nos vamos señalando, distinguiendo,  con muchas precauciones y miedos. A veces las clases se convierten en debate dialéctico sobre política. Recuerdo a profesores como García Rúa, luego secretario general de los anarquistas andaluces, el llorado Antonio Mª Calero Amor, Felipe Alcaraz, Javier Aguirre, Julio Artillo y, como alumnos, Manuel Anguita Peragón. Mi duda estuvo entre PSOE y PSP y quizá en un rasgo de ingenuidad, porque Tierno Galván me parecía algo más nuevo, conecté con el PSP, vía Ignacio Quesada, a finales del 75 y me afilié en la primavera de 1976.

P- Pero no formó parte de ninguna candidatura en las elecciones del 77.
R- No, yo no pasé a estar en la dirección provincial del PSP hasta el verano del 77, es decir, después de esas elecciones,  que fueron muy adversas para nosotros. Esa dirección duró muy poco, porque en febrero siguiente se realizó ya la fusión con el PSOE, tuvimos desgarros, hubo gente que no quiso integrarse y abandonó la política. Las conversaciones para la fusión en la provincia las llevábamos, por el PSP, Ignacio Quesada, periodista, y yo y por el PSOE, Fernando Calahorro y Cándido Méndez. Los criterios de Madrid eran que entráramos en la ejecutiva provincial fusionada dos personas, lo hicimos Ignacio Quesada y yo. A partir de entonces me integré, sin ningún tipo de rechazo, en el PSOE, como adjunto a la Secretaría de Organización con Cristóbal López Carvajal.

P- Concurre ya por el PSOE a las municipales  de 1979.
R- Yo me dediqué en el verano de 1978 a formar candidaturas para unas elecciones municipales que sabíamos próximas, e incluso pensábamos que podrían ser anteriores a las elecciones generales previstas una vez fuese aprobada la Constitución. No fue fácil, había un fervor casi místico, de gente que quería colaborar, pero que no quería cargos ni figurar -algo totalmente distinto a lo de hoy, cuando todo el mundo cree que está capacitado para cualquier cosa-, no era por miedo, sino casi siempre por modestia, por humildad. Creamos agrupaciones en todos los pueblos donde no las había. Y aunque la situación era ya democrática, pues se habían desarrollado unas elecciones generales, en algunos lugares notábamos resistencia. En una ocasión llegamos Cándido Méndez padre y yo a un pueblo de la comarca de Martos, creo que Higuera de Calatrava, y Cándido preguntó en el bar “oiga, ¿aquí quien es socialista?” Se hizo un silencio que se podía cortar, el camarero se hizo el desentendido y varias personas que jugaban a las cartas miraron para otro lado. Cuando ya nos íbamos, desde una esquina nos chistó una persona y nos dijo que esperásemos porque determinada persona, dijo un mote que ahora no recuerdo,  que estaba en el campo llegaría por determinado camino. Esperamos. La Guardia Civil nos llamó, tomó nuestros datos, y por fin llegó la persona esperada y efectivamente conseguimos crear la agrupación local.  Al final del verano me propusieron que me integrara en la candidatura al ayuntamiento de Jaén con la pretensión de pasar a la Diputación, si como parecía factible la conseguíamos, con Cristóbal López Carvajal de presidente y yo de vicepresidente, aunque al final fue al revés, porque durante la campaña de las generales, a Miguel Boyer, número uno, le pareció mejor mi discurso, quizá menos radical, y Madrid quiso el cambio, aunque  no sin problemas, porque yo no aceptaba si Cristóbal  no lo hacía.


P- Una vez en la Diputación aborda la creación de una caja de ahorros. Toda una carrera de obstáculos.
R- Era un viejo tema en Jaén. La caja estuvo creada en dos ocasiones. En los años cincuenta, tuvo los estatutos hechos y sólo faltaba depositar el millón de pesetas inicial exigido entonces. Se opuso a muerte Domingo Solís, que estaba poniendo en marcha la Caja Rural. Y ganó la batalla. El expediente se volvió a resucitar con Ramón Palacios Rubio de presidente de la diputación, y entonces quien se opuso fue El Monte de Piedad de Córdoba,  la actual Cajasur, vía obispo de Jaén, Félix Romero Mengíbar, que había sido presidente de aquella caja, que afirmaba que lo mejor era crear una dirección en Jaén de la caja cordobesa.
Era una injusticia que Jaén no tuviese su propia entidad de crédito, era la única provincia andaluza que no la tenía. Y nos lanzamos a la aventura de crearla, que fue muy complicada. La UCD decía en Jaén formalmente que sí, pero luego presionaba en Madrid para que fuera no. Nosotros dispusimos en los presupuestos de la diputación el capital fundacional, con propuesta consensuada de órgano rector, los dos primeros años de tutela por el Banco de España y con un órgano no gestor. Pero no había manera. Se oponían la CECA, la caja de ahorros de Andalucía, entonces muy controlada por De la Rosa, el presidente de la Caja de Ronda, quien me decía que yo no iba a crear una caja, sino una cajeta, que los tiempos de crear cajas habían pasado. Se oponía a escala estatal la Confederación de Cajas, y se oponía el propio Banco de España, además de la UCD, incluido el gobernador civil Enrique Gómez Palmero, un hombre que quería mandar y que despreciaba profundamente a los líderes locales centristas.
Yo percibía que no nos querían aprobar la caja y un día me fui al despacho de José Luis Leal, ministro de Economía, y le dije a la secretaria que no me iba hasta que el ministro me recibiese. Y le hice algo así como un chantaje. Le dije: “tú no vas a pasar a la historia como el jiennense que le negó a su provincia una caja de ahorros -pues José Luis Leal nació en Sorihuela de Guadalimar, aunque apenas vivió allí-, como no me concedas la caja, yo os denuncio públicamente y me declaro si es preciso en huelga de hambre”. Leal se echó a reír, y me preguntó: “¿tú puedes aumentar el capital fundacional en cien millones más?”. Sí, me comprometí. “¿Y el órgano de gestión de la caja puedes hacerlo paritario, con los mismos representantes del PSOE y de la UCD?”. Sí, le respondí. Pues así tendremos contentos al Banco de España y la UCD  y lo desbloqueo. Y efectivamente firmó al poco un decreto por el que se creaban dos cajas, la de Jaén y otra en Valencia,  las últimas que se crearon en España.
 

P- ¿Cómo se hicieron cargo de la Diputación, sin experiencia de gobierno?
R- Efectivamente, no estábamos preparados, no sabíamos que había tras las puertas. Y descubrimos que la Diputación había sido un instrumento para caciquear, para repartirse los fondos, con abusos evidentes. Más de la mitad de los fondos de cooperación, por ejemplo, para los ayuntamientos, se los llevaba exclusivamente el ayuntamiento de La Carolina. El plan de obras y servicios, instrumento gestor básico, repartía dinero sin criterios objetivos, sólo en función de influencias. Yo recuerdo los planes de obras y servicios que realizamos, había pueblos que no tenían más calle asfaltada que la carretera, que carecían de servicios básicos. Fue una explosión de pequeñas obras en todos los municipios, de las que me siento orgulloso, pues contribuimos a darles calidad de vida. Fue una época de mucho trabajo, pero muy creadora, por ejemplo alumbramos el Instituto de Cultura, buscando una cultura no para élites, sino para todos.


P- En seguida llegó la batalla de la autonomía, el referéndum del 28 de febrero. ¿Cómo lo recuerda?
R- Yo participaba del gobierno preautonómico como presidente de la Diputación. No lo teníamos muy claro, en el partido había quien pensaba que la autonomía por el artículo 151 tenía muchos riesgos, y estaban los defensores de la vía más rápida, con Rafael Escuredo a la cabeza. Recuerdo que los enfrentamientos Pepote-Rafael eran épicos. Y recuerdo cuando el ayuntamiento de Los Corrales envió el acuerdo del pleno municipal pidiendo a la Junta que tomara la iniciativa para pedir la autonomía por el 151. Rafael Escuredo aprovechó la oportunidad para dar el estirón.
En la provincia de Jaén una parte, como las Sierras de Cazorla, y Segura y El Condado, con escaso sentimiento autonómico. Tuvimos un mitin en Siles con 8 o 9 personas, no más. Pero hubo un progresivo enamoramiento de la gente con la idea de la autonomía, yo vi como fue creciendo el sentimiento y los enormes errores de la UCD, aquel Lauren Postigo diciendo por la radio “Andaluz, éste no es tu referéndum”, aquel viraje de la UCD, que de pronto comenzaba a decir que la autonomía era un invento de los marxistas... En la noche del referéndum Rodolfo Martín Villa hizo lo posible y lo imposible para que Jaén no rebasara el 50%, ocurrió lo insólito, que  el censo iba cambiando conforme avanzaba el escrutinio. Todos éramos conscientes de que el objetivo era muy difícil, que el esfuerzo era brutal, pero lo vimos ganado durante la campaña. La decepción fue tremenda, la gente lloraba, se tiraban los papeles en gestos de impotencia y rabia tremenda. Y la ciudadanía reaccionó muy bien. Al día siguiente la gente nos aplaudía por las calles, nos daban ánimos. Algo quizá hoy insólito. Era un mismo sentimiento de frustración en todos.


P- ¿Y del 23-F?
R- Yo estaba firmando papeles en el despacho, con la radio puesta, cuando tuve noticia de los acontecimientos. Intenté conectar con el PSOE en Madrid, pero no hubo forma de hacerlo. De inmediato pensé en los listados de los afiliados al partido. Bajé en el coche a la sede de la calle Hermanos Pinzón, allí estaban Cándido Méndez, padre, y Luis Benavides y pensamos que lo más urgente era hacer desaparecer la lista de afiliados. Luis Benavides metió en  el maletero de su coche todos los documentos que cabían y  lo aparcó lejos de su casa. Fuimos al ayuntamiento y allí estuvimos toda la noche, con el alcalde, Emilio Arroyo, el teniente de alcalde  del PCE Manuel Anguita, Cristóbal López Carvajal, Cándido Méndez y Fernando Arévalo, que era el jefe de prensa de la alcaldía,  con la radio puesta. La gran anécdota de aquella noche fue que hacia las doce de la noche, apareció Luis Miguel Payá, líder local de la UCD, y dijo, “lo que sea de vosotros esta noche, será de mí”. Le he guardado siempre agradecimiento, fue el gesto de un demócrata. Nosotros teníamos por toda protección un cabo de la policía local. Hacia  las cinco de la mañana nos llamó Antonio Ojeda para citarnos a un acto de solidaridad con la democracia y me fuí de inmediato a Sevilla, por cierto, yo vi movimiento de tropas y  tanques  entre Carmona y Sevilla a primera hora de la mañana.
Aunque el intento en Jaén tuvo poca significación, creó una tensión terrible. Al poco, el primer domingo de marzo, se celebraba la jura de bandera de la Guardia Civil en Úbeda, era entonces su director general Aramburu Topete, el ambiente era muy frío. La Guardia Civil habitualmente nos daba una copa de vino a las autoridades asistentes y luego celebraba su almuerzo. Aquel día, por las circunstancias que concurrían, Aramburu Topete se sintió obligado a cambiar el protocolo y quiso que el gobernador civil y el presidente de la Diputación nos quedásemos a comer con los mandos. De manera que presidía Aramburu, a su derecha estaba el gobernador civil y yo a su izquierda. Al frente tenía al coronel jefe del tercio de Málaga, que llevaba una banderita con el escudo preconstitucional, que no me dirigía la palabra, hasta que inesperadamente con voz destemplada, me espetó: “con que usted es socialista, pues no le queda nada para que la Guardia Civil sea socialista”. Yo, tranquilo, le respondí: “está usted muy equivocado, nosotros no queremos una Guardia Civil socialista, queremos una Guardia Civil al servicio del pueblo, una Guardia Civil que guarde sus sentimientos y no los lleve por fuera”. Entonces, Aramburu Topete le dijo “coronel, póngase en pie”, y lo echó del almuerzo. Tras la comida, no menos del 80 por ciento de los asistentes me fueron dando las mano, aquello parecía un duelo, y me decían: “yo estoy de acuerdo con lo que usted ha dicho”.


P- ¿Temió usted por la democracia en aquella coyuntura?.
R- Jaén es una provincia muy marcada. Hay una derecha muy dura, y el colchón que siempre supone una clase media ilustrada, era entonces muy débil. La guerra civil dejó además una impronta muy dura, durísima. En Jaén con el 18 de julio se produce un vacío de autoridad legal por la decisión de Cortés de llevarse las guarniciones al Santuario, y se producen venganzas. Pero la represión posterior fue realmente feroz,  mucho más brutal. Y larga. Yo recuerdo de mi niñez esa tristeza de los pueblos y una animosidad terrible pese a todos los que se fueron. La derecha de Jaén fue muy sanguinaria y muy caciquil. Eso se tradujo después en la salida a la democracia. En Jaén había miedo, en la gente de izquierdas porque fuera un espejismo aquella experiencia democrática, y por parte de la derecha un miedo cerval a que fuéramos revanchistas. Pero la gente sencilla fue muy sensata, nadie quería que se repitieran acontecimientos que habían marcado tan dramáticamente la provincia. Recuerdo que constituimos la agrupación local en Rus y dimos un mitin. Al líder local del partido le habían fusilado a su padre; él vio, con 14 años, como lo mataban. Su madre, sin haber hecho nada, lo pasó muy mal, la pelaban, le daban aceite de ricino, si recogía leña se la quitaban y le pegaban. Y aquella mujer, que podía haber sido una resentida y que nos invitó a comer en su casa tras el mitin, nos decía: “hijos, más veces no, tened cuidado”.
Queda un tema muy relevante para Jaén, sus cuatro años al frente de la consejería de Agricultura. Pero son ya años en que la transición comienza a quedar lejos.
   
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