Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
21 de noviembre de 2018
 

 
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  1982
  Mercedes de Pablo
  Sevilla prepara el cambio
  A principios de 1982, cuando el cardenal visita al Papa para, entre otros asuntos, tratar de la canonización de Sor Ángela de la Cruz, la santa de Sevilla, Bueno Monreal sufre una trombosis cerebral de la que nunca se recuperaría. Aunque vuelve a Sevilla a finales de febrero no aparecerá públicamente aunque concederá alguna visita privada. Un franciscano de Medina de Rioseco (Valladolid), antiguo obispo en Tánger y primo de un célebre siquiatra es nombrado obispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo, un hombre joven, culto y viajero cuyo perfil parece acoplarse a los nuevos aires que soplan. Aquella Navidad de 1981, la Nochebuena del 24 de diciembre, el Senado ratifica un Estatuto de Andalucía que se ha votado a finales de octubre. La participación de los sevillanos, sólo por debajo de la de Córdoba, es una de las más altas de una votación que si bien no provoca la expectación del 28 de febrero tampoco es muy distinto a la actitud de los catalanes con L'Estatut un año antes.

Ea, echemos a andar...
La campaña es humilde, que no tiene la Junta ni competencias ni presupuestos holgados, pero muy alegre. Aunque hay detractores al carácter folclórico de la frase “Ea, echemos a andar, ea Estatuto andaluz”, el publicitario, creativo, escritor y siempre inquieto Antonio Cascales consigue desactivar de tensión, confrontación o agravio, el tono de la campaña. Se firma un acuerdo, se consensúa un texto en Carmona con esa foto inolvidable de sus redactores y Cascales pone alegría y luz, donde hay tensión. Posiblemente, mi opinión en esto, como en el resto de los acontecimientos, a qué negarlo, esté sesgada por la experiencia personal, pero juro que participar en aquel anuncio (que nunca llego a ver), junto con Idilio Cardoso o María José Mañez, es una de las cosas más divertidas que me han pasado en mi vida. Y qué narices, me parece emocionante. Claro que la misma campaña del Estatuto no deja de tener polémica, como el hecho de que el texto sea editado en una empresa de Madrid y que tiene entretenidos a periodistas y políticos durante días.

Políticos y periodistas, por cierto, que pasan en aquellas fechas más tiempo juntos de lo recomendable para una dieta mental sana, y para la separación obligada entre trabajo y vida, tan necesaria como la de iglesia y estado, por citar sólo un caso. Aquella Nochevieja del cambio de año los partidos políticos, que le han cogido el gusto a las casetas públicas de la feria, montan saraos en diferentes sitios. El tiempo transcurrido me permite contar el extraño grupo de militantes socialistas, andalucistas y comunistas que, junto con los inevitables periodistas, toman las uvas en casa de Pilar del Río, para dos de ellos, concretamente ellas, terminar el año y la madrugada despertando a un diputado provincial porque han perdido la llave de casa.

Sevilla, corte milagros y rumores. Son cotilleos veniales, rumores menores que se deslizan como mensajes cifrados en algunas columnas de la prensa local. Ay, las columnas, qué efecto demoledor en los políticos, tanto ayer como hoy, qué impacto de la letra impresa ya sea en un diario de respetable tirada que en un manual de instrucciones de un campamento de verano. Estos años hace estragos una columna llamada El Fftomatón, que, sin el impacto de la crónica diaria de Burgos en el ABC, sí ejerce de dedo en el ojo de la política más casera. Y es que las crisis internas, ya sean de partidos, de empresas, o de matrimonios, siempre han sido muy rentables para el oficio del periodista. En tiempo de mudanzas y de cambios siempre hay alguien dispuesto a desahogarse y alguien dispuesto a escucharlo, y por supuesto contarlo.

Recuerdo una comida, ya en 1982, en el Hotel Alfonso XIII. El plato fuerte es la presencia del vicesecretario general de los socialistas, es decir, del propio Alfonso Guerra en persona. Hablan políticos y periodistas del inminente adelanto de las Elecciones Generales mientras comen el menú y Alfonso degusta dos suflés (se hace célebre su ascetismo sólo quebrado por la afición al dulce y al chocolate) y uno de los comensales baja la voz y dice... Off the record... Pero no termina la frase porque, con una mirada de las que se aguantan buscando el valor debajo de las piedras, el dirigente, el compañero Alfonso, corta al compañero díscolo y dice: “Qué off the récord ni qué niño muerto con veinte periodistas escuchando”.
No le falta razón. En estas fechas algunos sabemos ya que no somos los brillantes periodistas que hemos soñado porque creemos, honestamente, en el secreto profesional y en la confidencialidad, claro que nos consolamos con esa frase de un veterano, que tal vez se lame las heridas, un periodista vale más por lo que calla que por lo que cuenta.

Año decisivo para España y para Sevilla. Cambios, polémicas, manifestaciones y vida en la calle. El año 82 lo cierto es que es un año movido para Sevilla. Si el Papa anuncia su visita para finales de año, a tiempo para ser recibido por gobiernos socialistas, el Mundial de Fútbol trae a Sevilla, aparte de la mascota más fea de la historia, a las selecciones escocesa y brasileña que convierten ese caluroso mes de julio en una auténtica fiesta. Hasta los que desconfían del fútbol, por lo del opio de Franco y el Circo y en fin, tienen que plegarse a esa torcida brasileña que llena de sambas y tambores no ya los estadios, sino las calles de Sevilla. Eso, y la imagen del Rey en Valencia abrazado al presidente Pertini, son toda una imagen de un país, de unos ciudadanos, que tienen muchas ganas de alegría.

Esa expresión de la libertad estrenada alcanza muchos ámbitos, hasta los más ocultos de la vida cotidiana. Sin salir en las portadas de los periódicos las nuevas administraciones locales, apoyadas en la Constitución y en las leyes, que casi semanalmente se aprueban en el Parlamento, van cambiando las cosas. Antes de que se hable siquiera de la reforma psiquiátrica, en Miraflores, el manicomio de Sevilla, dependiente de la Diputación, hay una pequeña revolución que seguro que es grande para los que se benefician de ella. De entrada, el nuevo equipo hace instalar una peluquería para que los internos dejen de tener pelos de locos, cambia los uniformes por ropa de calle y organiza algo que trasciende en la ciudad y contribuye a esa atmósfera de alegre libertad de la que he hablado antes. Es El Salta la Tapia, un festival de Música, de puertas abiertas que llena el hospital de rock, y que hace bailar a internos y externos por primera vez juntos. Lole y Manuel, Gualberto, Pata Negra, y muchos sevillanos que jamás han pisado un psiquiátrico y que temen encontrar detrás de aquellas puertas a los personajes del Nido del Cuco. Esas y otras cosas son las que cambian la realidad, las que toman las calles no ya para la reivindicación sino para la fiesta. Una fiesta cargada siempre de sentido, porque todavía tenemos la impresión de que hay que ir un poco más allá.

Sevilla, capital de Andalucía. El 11 de Enero del 82 Andalucía es declarada Comunidad Autónoma, es el fin de un proceso que ha empezado el 4 de diciembre de 1977. Cinco años después Andalucía, tras un borrascoso Referéndum, tras un acuerdo entre partidos que permite el acceso por la vía del 151, es considerada una Comunidad Autónoma con las atribuciones de las nacionalidades históricas. Cuatro días más tarde se fija la fecha definitiva para las primeras elecciones al Parlamento andaluz, el 23 de mayo.

El PSOE ya anticipa que su cabeza de cartel que no puede ser otro que Rafael Escuredo, el presidente de la Junta preautonómica y el auténtico muñidor de los resultados del 28 de febrero. Manuel Clavero que, tras su marcha de UCD, crea un partido de centro derecha de cariz andalucista anuncia que se presenta como candidato. El alcalde de Sevilla, Luis Uruñuela, a pesar de sonar durante meses como presidenciable dice pensárselo. La incógnita, casi seguro ya el candidato comunista, es quién tendrá el valor de presentarse por la UCD. El secretario general de la coalición, Iñigo Cavero, a su paso por Sevilla anuncia que UCD no va a fracasar, lo que no dice es quién será el candidato. Durante los meses siguientes suenan varios nombres, entre ellos el de José Manuel Muñiz. Alianza Popular, cuya presencia en Sevilla está restringida en torno a Ricardo Mena, anuncia nuevo candidato.

La ausencia de Clavero. Por fin se presentan los candidatos no sin un baile de nombres que trae sorpresas añadidas como la decisión, el 13 de abril, de Manuel Clavero de no presentar su formación, Unión Andaluza, por carecer de apoyo financiero. A Clavero lo apoya hasta el último minuto el que más tarde sería el presidente de los empresarios andaluces, de la CEA, y el presidente de la pequeña y mediana empresa de España, Cepyme, el hotelero Manuel Otero Luna, hombre de talante liberal en cuyo hotel, el histórico Inglaterra, se han celebrado no pocas reuniones políticas muchas veces con la mayor de las discreciones. Fuera de la contienda Clavero, la UCD parece recuperar la esperanza y nombra como candidato a un malagueño, Luis Merino, que será el único que no acuda por Sevilla. Luis Uruñuela acepta encabezar la candidatura del PSA y, en contra de los que algunos presumen, el PCA no presenta a su secretario general, el sevillano Fernando Soto, exprocesado del 1.001, sino a un profesor de Granada, Felipe Alcaraz. Alianza Popular opta por un abogado casi desconocido en la política y bastante joven, Antonio Hernández Mancha.

Sin haberse celebrado aún las elecciones ni tener un gobierno con competencias lo cierto es que, desde el año 82, Sevilla empieza a experimentar la capitalidad que le ha otorgado el Estatuto. Frente a algunos que proponen Córdoba o Antequera por cuestiones geográficas, hay consenso con la capitalidad y no sólo consenso, sino conciencia. Tanto Alcaraz, como Mancha, como muchos otros, van viniendo de otras ciudades, de otras provincias porque al fin y a la postre aquí estaría la sede del Gobierno y los partidos necesitan de cuadros y de organización. Hay que reconocer que muchos, políticos, periodistas, poetas o arquitectos con un sentido patrimonialista, ya no de la ciudad, sino de la misma génesis de la autonomía andaluza, fruncen el ceño ante aquellos a los que no conocen y que, en algunos casos, llenan los cenáculos políticos de acentos peculiares, de Cabra, de Lucena, de Jaén, de Almería, de Granada.

La campaña del 82.
Pero esa campaña tiene protagonistas que no presentan lista alguna. La Confederación de Empresarios de Andalucía, CEA, hace una campaña publicitaria que levanta las iras y, en el mejor de los casos, el rechazo de todos los partidos. Se trata de la famosa manzana podrida de cuyo interior sale un gusano con una hoz y un martillo sobre un puño. Una expresión plástica, obviamente burda, de lo que se dice en los mítines: que a Andalucía le espera un Gobierno entre socialistas y comunistas, el cuento del coco con la manzana y sin los siete enanitos. El anuncio es denunciado y secuestrado por el juez y la Junta Electoral llega a prohibir la campaña de los empresarios. Una última sentencia, ésta de la sala de Lo Contencioso de la Audiencia Territorial de Sevilla, anula la prohibición y permite a los empresarios participar en la campaña aunque con otros contenidos. No es el único escándalo, TVE prohíbe asimismo un anuncio de un grupo minoritario, Unificación Comunista, por considerar que insulta a las fuerzas Armadas.

El 23 de mayo se celebran las elecciones. Es un día de novedades y no sólo por los comicios, por primera vez una jornada electoral se apoya en soportes mediáticos. En la sede de campaña del PSOE, en el Hotel Macarena, se instala una pantalla gigantesca para que los simpatizantes puedan ver imágenes del interior, y lo que es más novedoso, oír a sus líderes. Los recuentos electorales son lentos, algunos atribuyen el ritmo al mismo Martín Villa, ministro, que es el encargado de dar los resultados finales desde el Gobierno Civil de Madrid.

Escuredo presidente. Tal como se presagia, Rafael Escuredo es el rotundo vencedor, con 66 diputados del PSOE y mayoría más que holgada. El abogado de Estepa apodado con sorna Lindacara –versus Lehendakari–) ha jurado a finales de los setenta que los que confunden su apellido, terminarían llamando Escuredo al acompañante del Quijote, de lo pertinaz y presente que jura ser.

La segunda fuerza, para sorpresa de todos y anticipo del comportamiento de las Generales, es la recién remodelada Alianza Popular con 17 escaños, dos más que los 15 de UCD. Los comunistas, que tanto han participado en el proceso autonómico pero que se debaten en una crisis interna más que perceptible, ocho, y los andalucistas, perdedores también tres. Dos menos que los escaños del PSA en el Congreso de los Diputados.

Dieciocho de los 109 diputados andaluces pertenecen a Sevilla. Once del PSOE, Rafael Escuredo, José Rodríguez de la Borbolla, José Caballos, Miguel Ángel del Pino, Joaquín Galán, Amparo Rubiales, recién llegada del PCA tras abandonar la vicepresidencia de la Diputación y su puesto de concejala de Sevilla, Ángel López, Ángel Rodríguez, Manuel Fernández, Luis Navarrete y Manuel Bustos. Tres de Alianza Popular, José Enrile de Cárdenas, Carmen Martínez y Ricardo Mena. Dos del PCA, Felipe Alcaraz y Juan Antonio Romero. Uno de UCD, José Muñíz y uno del PSA Luis Uruñuela.

Parlamento sin sede. El primer parlamento andaluz no tiene sede ni previsiones de disponer de ella en un plazo inmediato. Como salón de Plenos se usa, de manera excepcional, el Alcázar de Sevilla y, más tarde, la sala de reuniones de la Caja San Fernando en la Plaza de San Francisco y la Sala San Hermenegildo, recuperada por el Ayuntamiento como sala de teatro. El Gobierno andaluz que quedará constituido el 5 de agosto, la Virgen de las Nieves, se ubicará en un edificio de oficinas de Los Remedios, una parte, mientras que Presidencia continuará en el Parque de María Luisa hasta su traslado a Monsalves. Entonces se habla del Hospital de las Cinco Llagas como sede del Gobierno hasta que, años mas tarde, se decide convertirlo en la sede definitiva del Parlamento andaluz.

Aunque hasta agosto, y después de los resultados, pasan cosas. Pasa que los resultados provocaron catarsis en los partidos. En UCD, cuyo secretario general, el gaditano Carlos Rosado, dimite, y en el PSA, ya que su fundador, Alejandro Rojas Marcos, renuncia también a la secretaría general cinco días después de las elecciones, y es elegido Luis Uruñuela secretario general. Los comunistas que ya vienen sufriendo varias deserciones y que se debaten en enfrentamientos a favor o en contra de Carrillo, con prosovieticos, leninistas, oficialistas y renovadores convocaron un congreso aunque no dimite nadie.

El primer Gobierno andaluz. Aquel primer Gobierno andaluz tiene once consejeros, tres de ellos independientes. Se trata de Miguel Manaute, consejero de Agricultura y proveniente de organizaciones de pequeños agricultores cercanas al PCE Javier del Río, de Hacienda, y Juan Manuel Castillo, de Turismo, ligado a la pequeña y mediana empresa. El resto tienen carnet del PSOE aunque en el caso de Amparo Rubiales, consejera de Presidencia, muy reciente. Joaquín Galán, consejero de Trabajo Jaime Montaner, que viene de Huelva, consejero de Política Territorial e Infraestructuras José Rodríguez de la Borbolla, consejero de Gobernación, Rafael Román, de Cádiz, consejero de Cultura; Julio Rodríguez, de Granada, consejero de Economía Manuel Gracia, de Córdoba, consejero de Educación, y Pablo Recio, médico de la UGT, consejero de Salud.

Es un Gobierno de corte profesional, con una sola mujer y algún desequilibrio territorial, esa tensión añadida que tienen todos los Gobiernos de Andalucía. Es curioso cómo parece criticable la paridad de sexos pero parece, a la vez, intolerable que en un Gobierno no se respete la cuota de las provincias. Muchos de los consejeros vienen de fuera y traen, además, directores generales y asesores de fuera. Andaluces no sevillanos la mayoría de los cuales se han quedado luego en la capital, algunos, según tiene escrito un periodista granadino, para hacerse más sevillano que los sevillanos.

Elecciones para otoño.
En plena formación del Gobierno andaluz, el 28 de agosto, el presidente Calvo Sotelo disuelve las Cortes y anuncia elecciones anticipadas para octubre. Es ya un clamor que los resultados en Andalucía, además de la victoria de CiU y el PNV en Cataluña y el País Vasco, presagian cambios importantes y, por otra parte, la fuga permanente de diputados de UCD al recién formado CDS de Adolfo Suárez impide que el Gobierno saque nada adelante con sólo 125 diputados. Las leyes que se aprueban son leyes de consenso. Sin Suárez, sin Rodríguez Sahagún, sin el ministro de las Reformas civiles, Francisco Fernández Ordóñez, la coalición centrista amenaza con desaparecer.

En Sevilla, el otoño trae ambiente de campaña pero sobre todo agitación social en torno al Empleo Comunitario. El presidente Escuredo reprocha al Gobierno central haber retirado ocho mil millones de pesetas del Fondo de Compensación Interterritorial y los sindicatos CC OO y SOC convocan acciones en la calle. A pesar de que el 4 de agosto el ministro de Hacienda, Jaime García Añoveros, promete una inversión cercana a los cincuenta mil millones, con cargo al FCI, seis días después más de diez mil jornaleros piden en la calle la Reforma Agraria. Así de caliente comienza el otoño del 82 en Sevilla con un Gobierno central agobiado de problemas algunos tan graves, como el de la colza, que aun no produciendo víctimas mortales en Sevilla, sí genera inquietud y recelo en la ciudadanía.

El 3 de septiembre se conocen los cabezas de lista por Sevilla. Alfonso Guerra lo será por el PSOE; Jaime García Añoveros, ministro de Hacienda y respetado catedrático de Derecho Financiero, por UCD; Jorge Verstrynge, segundo de Fraga, profesor de Sociología y personaje llamativo, por AP; Diego de los Santos, histórico andalucista, médico, por el PSA, y Fernando Soto, sindicalista, secretario general de los comunistas andaluces y próximo a Carrillo, por el PCA.

Ideas, mítines y márketing.
La campaña del 82 es la campaña de los Medios, la campaña de los mensajes y las músicas. Si en las elecciones autonómicas se usan por primera vez pantallas gigantes, en los mítines de las Generales se aplican por primera vez criterios de espectáculos. Hasta el momento, en los mítines, especialmente de la izquierda, se han incluido actuaciones musicales, la mayoría de cantautores, pero es en octubre del 82 y es precisamente en Sevilla cuando por primera vez la técnica convierte los mítines en un show emotivo y emocionante.

El cierre de campaña de Felipe González, en los terrenos de la Feria de Abril, es un espectáculo medido, no sólo para los asistentes, sino para la conexión en televisión en el momento exacto, minutos antes del cierre de campaña y comienzo de la jornada de reflexión. Además de una lluvia de rosas y de globos –como se ha hecho en Francia con la victoria de Miterrand–, las últimas palabras del dirigente socialista son coronadas por una grabación de la Sinfónica de Londres interpretando Noches de Blanco Satén y una cascada de fuegos artificiales. Hay quien, en el cumplimiento del oficio, está allí para informar y no puede evitar una lágrima, eludir la enorme emotividad del ambiente.

El presidente español, hijo de Bellavista. El 29 de octubre es ya un hecho, hay un sevillano en La Moncloa. El PSOE obtiene 202 diputados, mayoría absoluta y la hasta el momento escuálida Alianza Popular se coloca como la segunda fuerza política con 106 diputados. La UCD y el PCE sufren un auténtico descalabro mientras que el PSA pierde la representación parlamentaria de los cinco diputados conseguidos en el 79. Toda una catarsis, en algunos casos, anunciada. Mientras la noche electoral el ambiente de fiesta de los socialistas llena un cine de verano de la Ronda, en la calle Betis, en la sede local de UCD, apenas unos pocos militantes acompañan a Soledad Becerril y a Jaime García Añoveros que aguantan el tirón toda la noche. En este caso no se retrocede, se pierde un Gobierno, desaparece la coalición que ha intervenido de manera decisiva en la transición a la democracia. Y la democracia, la voluntad popular, se ha ido con el PSOE.

Los cielos en Sevilla. El invierno traerá al Papa y casi al mismo tiempo Gobierno, un Gobierno donde no hay ministros andaluces, aunque el presidente y el vicepresidente sí lo sean. Un Gobierno que amplía a 19 los ministerios y que aparece con voluntad de dar el cerrojazo definitivo al pasado. “A este país –dice Alfonso Guerra– no lo va a conocer ni la madre que lo parió”

Por si faltan augurios felices, el otoño trae de nuevo la lluvia hasta el punto de que en diciembre se da por cerrado el ciclo de la sequía y los pantanos recuperan más del 50% de su capacidad. Porque está lloviendo el 9 de diciembre cuando muere Placido Fernández Viagas, el primer presidente de la Junta de Andalucía, miembro del Tribunal Constitucional, magistrado y, sobre todo, ser excepcional no ya según el tópico en el mundo de la política (“era demasiado honesto”, he oído decir), sino en la vida. Porque además de honesto, es Plácido generoso, inteligente y generoso. Aún en la cafetería Nova Roma, en la esquina de Virgen de Luján con Asuncion, es posible leer una placa donde se recuerda que, cada tarde, el juez, que recitaba a Lorca y cantaba a la Piquer o admiraba a Kennedy, leía el periódico y tomaba café con los amigos. Tal vez la Transición con todos los compañeros de viaje, los necesarios cómplices que precisa una democracia que empieza, nos haya hecho el favor de haber podido conocer a Plácido Fernández Viagas, de que se haya implicado para siempre en la memoria de Andalucía.

Se nos muere el santo laico al tiempo que en Sevilla se canoniza a una santa popular, Sor Ángela de la Cruz, elevada a los altares en la visita del Papa a Sevilla. Un pontífice en la plenitud de sus energías que celebra una misa multitudinaria en el campo de la Feria, oye sevillanas a la llegada y a la despedida y acude al convento de Sor Ángela, donde las monjas lo recibieron con gritos de fans de estrellas del pop.

Empieza la normalidad democrática. Al Papa no le escandaliza la izquierda sevillana y a la izquierda no le escandaliza el Papa. De ahí a presidir procesiones hay un paso pero eso será otro año, otro cronista, otra historia.
   
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