22 de agosto de 2017
 

 
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INICIO > MONOGRÁFICOS > Juan Diego borda su venganza
 
  Antonio Ramos Espejo
  La Cultura (Sevilla)
  Juan Diego borda su venganza
  Había nacido Juanito en Bormujos en 1942. En la posguerra no se podía imaginar aún el significado real que tenían entonces las imágenes que veía en su escuela: la Purísima, Franco y José Antonio. Pero también había visto por el ojo de la cerradura de la puerta del cine de su pueblo una película de Napoleón. También le gustaba el circo y mientras leía a su tío ciego las noticias de ABC se regustaba con su propia voz. Pasó el tiempo y toda aquella coctelera mental le llevaría a Sevilla a estudiar Arte Dramático; o hacer la carrera de cirquero como decía su padre. Juan Diego fue después paso a paso cimentando la doble militancia: de actor y de comunista. La vocación de actor la llevaba ya en las primeras miradas de Bormujos. La inclinación política contra el régimen despierta, me recordó en una entrevista (El Correo de Andalucía, 20-10-2002), al tener conocimiento de la paliza que le propinan a un hombre de su pueblo al que habían sorprendido robando:
“Era un hombre honrado de una familia que yo conocía y que se había visto en esa necesidad. Una paliza por un saco de aceitunas. ¿Por qué? Esas son las arbitrariedades que te encuentras. Es ahí donde empieza la conciencia de la rebeldía y de la búsqueda de las libertades”.
Ya en Madrid se preguntaba Juanito por qué no se podía recitar ni a Lorca ni a Cernuda y acrecienta su rebeldía contra los retratos del colegio de su infancia. “Entre 1967 y 68 empiezan los primeros contactos con el PCE, como podía haberlos tenido con la CNT, por ejemplo. Del cine estaba Bardem y había dos actrices impresionantes: Julia Peña y Gloria Berrocal; y de Sevilla, Ernesto Martín”.
Su nombre engrosa los ficheros policiales. El actor recibe entonces amenazas de los Guerrilleros de Cristo Rey y figura en las listas negras de los empresarios de teatro más afines al régimen. Aun así firma comunicados de protesta, corre de los policías en las manifestaciones y sufre las consecuencias de la represión. Actor en los teatros y militante a plena dedicación, hasta que llega, como recuerda, aquella huelga de actores de 1975:
“Aquello era impensable para el régimen. Pero los actores teníamos derecho como todo hijo de vecino a un día de descanso. Concha Velasco y yo nos despedimos del Teatro Lara y ahí se desencadena el conflicto. Yo tengo la certeza de que aquélla fue la primera huelga general de la cultura. Ocurrían cosas increíbles, como acusar a Rocío Dúrcal de pertenecer al FRAP. El régimen no lo podía entender. Y lo que pedíamos era libertad y derechos; nada más. De ahí que estuvieran con nosotros Sara Montiel, Lola Flores, Aurora Bautista...”.
En esa ocasión no da con sus huesos en la cárcel, como le ocurre a otros compañeros, aunque tampoco se libraría de caer preso como el hombre de su pueblo que había robado garbanzos para comer. Juan Diego no era precisamente hambre de puchero lo que tenía, sino hambre de libertad. Y así ocurrió cuando el partido da la consigna de que se quiten la careta. Entonces detienen a Cervino. El interrogatorio al actor discurre en los siguientes términos:
–“¿Usted pertenece al PCE?
–Sí.
–¿Desde cuándo?
–Ya no digo nada más. Que se lo pregunten a Juanito
–¿Qué Juanito?
–Juan Diego”.

Y así cayó Juanito. Al cabo de los años, las rebeldías se aplacan, pero la memoria no perdona los recuerdos más duros de la vida de un hombre. Aquellos que causan el horror de un niño al ver las injusticias que se cometen en el cuartelillo de su pueblo y las que experimenta directamente como un intérprete más de una obra colectiva de liberación. Por eso, desde la madurez, apostilla:
“La Transición no fue tan modélica como se dice; porque hubo muertos y la policía disparaba y no soplaban las balas como los violines quebrados de las películas “pshiuuu...”, sino plaf, plaf, plaf...”
Su venganza, sin pretenderlo, llegaría años más tarde, cuando el actor tiene que tragarse el sapo de interpretar al personaje que veía entre la Purísima y José Antonio, al general Franco de Dragón Rapide. Casi le cuesta un enfermedad. Pero la venganza le sale bordada. Juanito es Franco. Lo que ha cambiado la historia.


*Antonio Ramos Espejo es periodista
   
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