23 de octubre de 2017
 

 
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INICIO > MONOGRÁFICOS > La herida de Federico Villagrán
 
  Antonio Ramos Espejo
  Los medios de comunicación (Sevilla)
  La herida de Federico Villagrán
  Este recuadro en la historia de los medios sevillanos es un espacio acotado para la memoria de aquel periodista que fue abandonado a todas sus suertes en el rincón oscuro de una cárcel sevillana. “Nuestro director, a la cárcel”. Federico había escrito su propia portada, su última portada en El Correo de Andalucía. Su sustituto, José María Requena,  sólo tenía que ajustar a toda pastilla el cuerpo del titular y, en el lugar reservado para escribir el nombre del director, colocar el suyo por imperativo legal. Al margen de la noticia del falso desembarco de marines americanos de la base de Rota en la vecina y revolucionaria Portugal, a la autoridad gubernativa le bastaba con la carnaza del anzuelo, que una fuente engañosa había echado para que picara el ingenuo periodista. La venganza sería terrible. La oportunidad para lanzar todas sus garras contra el director que firmaba las páginas laborales y políticas más atrevidas contra el régimen. Con Villagrán quedaba también dañada la libertad de un equipo de periodistas y colaboradores, que fueron testigos directos de la infamia que tanto la autoridad represora, como la empresa editora de la Iglesia, que tanto presumía de periódico progresista, cometían contra un profesional.
Porque si el régimen llevó al periodista a la cárcel, la empresa lo despojó de la cabecera del periódico y no permitió que el director volviera al rotativo fundado por el cardenal Marcelo Spínola, representado entonces en la sede hispalense por el cardenal Bueno Monreal. Son páginas épicas las que el periodista gaditano escribe, vive y llora en su redacción del Polígono de la Carretera Amarilla, en la cárcel y en su casa. Para cualquier otro periodista, aquel episodio de la dictadura le hubiera servido de trampolín para recibir reconocimientos y disculpas en estos años de recapitulación. Sólo un periodista como el rebelde Federico sabe de una historia de soledades y olvidos, de la larga travesía por la revista Torneo y por los teletipos de EFE, que lo llevan finalmente, como una recompensa involuntaria, al puerto gaditano del que nunca hubiera deseado salir. Desde estos hechos que comento, cada vez que me he detenido, antes y ahora, a reflexionar sobre El Correo, veo la herida que quedó marcada en su portada al ser arrancado de cuajo el nombre de Federico Villagrán Bustelo.
Un saludo, Federico, allí donde te encuentres, contemplando los mares del olvido. Fuiste mi director, en el Sol de España, hasta que yo emprendí mi propia travesía y el destino me llevó un día a ocupar ese lugar del periódico, del que yo digo que la ausencia de tu nombre dejó herido.
   
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