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  21 de julio de 2011
  Antonio Torres
  Antonio García Tripiana, Tripi. El Maquiavelo de Almería
  El político Antonio García Tripiana (Almería, 1948-1988), senador electo por Almería, parlamentario andaluz y dirigente socialista en la provincia llevó a cabo una intensa labor. Una vez terminados los estudios, emigra a Holanda y trabaja como calderero en unos astilleros en los que su padre, emigrante, también, trabajaba. Pronto aprendió que su mejor herramienta para los tiempos que se avecinaban era la lectura y recoger el acento de los manuales de política, su gran pasión. Con el tiempo sería conocido por el “Maquiavelo de Almería”. La Junta de Andalucía le concedió en 1988 la Medalla de Plata a título póstumo.

Maletilla y taxista.
Un político socialista de primer orden, autodidacto. Se crió en el popular Barrio Alto de Almería, en la calle San José Obrero. Estudia Maestría Industrial, rama de mecánica, en la escuela de formación profesional Francisco Franco. El tiempo muerto de estudiante lo dedicaba a la afición taurina, una faceta desconocida de su biografía y que confesó en más de una ocasión al que sería secretario de organización del PSOE almeriense, Pedro Lozano Rodríguez. En más de una plaza de España se lanzó al ruedo como tantos maletillas que buscaban una oportunidad para ayudar a la familia y a ellos mismos.

Tenía la virtud de discernir entre los inteligentes, aduladores y los que le podían traicionar. Siempre hacía alusión a su origen modesto. Con sus ahorros, ocho años de emigrante, regresó de nuevo a la tierra y adquirió una licencia de taxi. Su padre, también, retornó, jubilándose como empleado de los antiguos Talleres Oliveros. La nueva profesión de taxista le permitió conocer al abogado e incipiente dirigente socialista durante la Transición Joaquín Navarro Estevan, figura clave en las primeras reorganizaciones de la izquierda. Llegó al PSOE (enero de 1977) procedente del Sindicato de Transportes de la UGT. “En 1978, tras la fusión del PSP y del PSOE, organizamos el PSOE de Almería y con el visto bueno de José Rodríguez de la Borbolla decidimos liberar a García Tripiana con un sueldo mensual de 30.000 pesetas y la aportación del taxi. Teníamos casi 700 militantes y elaboré las listas con mil candidatos junto a Tripi para las primeras elecciones municipales”, recuerda con emoción Antonio Maresca García-Esteller.

El primer alcalde democrático de Almería, Santiago Martínez Cabreras, pronto se percató de la cultura y la inteligencia natural, personaje de calle de Antonio García Tripiana que conectaba con el cambio que se avecinaba. Fue contratado como secretario particular de Alcaldía en el consistorio municipal hasta que el inicio de la década socialista lo convirtió en senador por la provincia de Almería, en la segunda Legislatura Constitucional. Pronto será vicesecretario general del PSOE en un Comité Ejecutivo Provincial presidido por Blas Díaz; secretario general, José Batlles Paniagua; secretario de organización Pedro Lozano y secretario de política municipal Antonio Maresca. Todos ellos planificaron y distribuyeron el poder de la provincia durante la primera década de dominio socialista en todas las esferas de la administración. Los cuatro socialistas al frente de las instituciones en la etapa de García Tripiana eran su amigo personal Antonio Maresca al frente de la Diputación; Santiago Martínez Cabrejas, alcalde de la capital; Tomás Azorín, gobernador civil, y delegado de la Junta de Andalucía, Emilio Martínez. A Tripi le llegaron más cargos orgánicos en el PSOE de Andalucía; cargos en la ejecutiva, puestos de responsabilidad en la Comisión Especial de Investigación de los trabajadores emigrados a Europa y miembro de la Comisión de Relaciones con el Defensor del Pueblo y Derechos Humanos. En el Parlamento de Andalucía fue secretario primero de la Mesa de la Cámara y secretario de la Diputación Permanente.

Trabajó activamente en la segregación de El Ejido y Dalías. Además, en la subasta que llevó a cabo el organismo Medios de Comunicación social del Estado (MCSE) para que el diario La Voz de Almería se privatizara y fuera a parar a manos de empresarios y simpatizantes socialistas. Si fallaba la operación estaba dispuesto junto a Antonio Maresca a potenciar la publicación La Provincia, editada por la Diputación, como diario. Confió plenamente en su amigo y periodista Miguel Ángel Urquiza, al que situó en Sevilla como director general de Medios de Comunicación de la Junta de Andalucía.

Capacidad y brillantez. García Tripiana padecía como toda la sociedad almeriense la escasez de agua y el espectacular desarrollo de invernaderos en la zona de poniente. El mar de plástico con la salinización de los pozos provocó que se comenzara a trabajar en la elaboración del documento, que concluyó en 1984 con el Decreto para restringir la construcción de invernaderos que alocadamente se llevó a cabo. En el interior de la provincia también se producían tensiones entre los agricultores y propietarios de horas de agua de la acequia “Gorda”. García Tripiana y su ejecutiva convocaron al gobernador civil, Tomás Azorín, para que la Guardia Civil no se pronunciara con contundencia en las jornadas de protesta y de enfrentamientos. En el transcurso de la reunión entre dirigentes socialistas, Azorín aseguró que la situación era tensa pero que la Guardia Civil controlaba la situación. En un momento se recibió una llamada en la reunión asegurando que se estaban excediendo los efectivos de la Guardia Civil, hasta el punto que el agricultor Francisco Vidaña de Canjáyar perdió un ojo. La reacción espontánea de García Tripiana no se hizo esperar. Era atrevidamente libre y mordaz.

Su capacidad por controlar toda la vida política no era por el éxito o la gloria. La más brillante de sus cualidades personales fue la astucia, el maquiavelismo y un gran conversador con los amigos en el aperitivo. Tierno y sentimental, la memoria y la concisión colectiva de los almerienses le sitúan como el gran personaje del sentido común, autodidacto. Un ataque cardiaco acabó con su vida. El presidente de la Junta de Andalucía, Rodríguez de la Borbolla, y el consejero Gaspar Zarrias eran más que compañeros de partido. Este autor presenció lágrimas de ambos a lo largo de los últimos años cuando hemos recordado al Tripi. Su familia, con su viuda Encarna, sus dos hijos Pablo y Antonio, y los amigos mantenemos viva su figura. “Antonio era un ser capaz de anticiparse al tiempo y hacer proyectos de futuro para transformar la sociedad por su ilusión y capacidad de trabajo. Era muy familiar y adoraba a sus hijos, a los que dedicaba el escaso tiempo que disponía, les ayudaba a confeccionar puzzles y les traía regalos cuando regresaba de sus viajes...”, afirma su viuda a modo de conclusión.
   
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