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  21 de julio de 2011
  Antonio Torres
  Fernando Navarrete. El guardián del andalucismo en Almería
  La dedicación y arraigo de los planteamientos de izquierda que se potencian durante los años de facultad, estando implicado en los movimientos de protesta de entonces, le abren un fuerte sentimiento andalucista desde su estancia en Zaragoza. Fernando Navarrete López-Cózar es militante andalucista desde 1977.

Andalucía en el hemiciclo.
En las primeras Elecciones Generales, en coalición electoral en Andalucía de los andalucistas con Partido Socialista Popular (PSP), del que Tierno Galván era secretario general, consiguieron un parlamentario, que figuraba como independiente y se afilió a PSP. En las Elecciones Generales de 1979, obtuvieron cinco escaños del Congreso de los Diputados (dos Cádiz, dos Sevilla y uno Málaga). “Los partidos de corte centralista, compañeros en la lucha por alcanzar la democracia, no vieron oportuno el apoyar que constituyéramos un grupo parlamentario; el Reglamento del Congreso ponía el límite inferior en siete (que son los parlamentarios que obtuvo el PNV en 1977).

Al considerar la importancia de nuestra reivindicación nos vimos obligados a votar la moción de investidura de Adolfo Suárez como primer presidente de España de esta etapa democrática. El Diario de Sesiones puede mostrarnos cuán diferente es para Andalucía el trato que recibe en el Parlamento cuando hay grupo Andalucista y cuando no. Sirva para ejemplo la observación del debate último del Estado de la Nación: no hubo ninguna referencia a Andalucía; pero sí que hubo muchas a Cataluña, País Vasco, Galicia, Canarias, Navarra, Aragón … ¿Acaso es que no hay parlamentarios andaluces? ¡Claro que sí! ¿Ejercen como tales? ¡Claro Que no! 61 diputados y 32 (más ocho designados por la Comunidad Autónoma) senadores, ¿se comportan como queremos los andaluces? ¡Claro que no! Porque queremos que hagan lo que no hacen, queremos que defiendan nuestros intereses, queremos que para cada tema que se trate, se dé el planteamiento de “Y de eso, para Andalucía ¿qué?, ¿En qué medida nos afecta?…”

El grupo parlamentario andalucista llegó a tener siete parlamentarios en esa legislatura, debido al comportamiento de los partidos de corte centralista respecto a Andalucía; se incorporó uno procedente de UCD (por Málaga) y otro procedente del PSOE (por Barcelona), también andaluz. “La presencia así en el Parlamento sirvió para que también los almerienses” subraya Fernando Navarrete, “vieran útil votar nuestra opción en los municipios en los que nos presentamos, a pesar de la dura campaña del PSOE –sobre todo– y del PCE, al utilizar nuestro voto a Suárez para tacharnos de “fachas”, de “derecha pura y dura”.

En la primera corporación democrática de esta época (1979-1983) en el Ayuntamiento de Almería, llave en todas la capitales de provincia, se constituyó una coalición de gobierno formada por PSOE (10 concejales) PCE (tres concejales) y PSA-PA (tres concejales). Resultan elegidos los concejales andalucistas Laudelino Gil Andrés, Fernando Navarrete, y Miguel Garcés. El desaparecido Laudelino Gil se responsabilizó de la delegación de Cultura en la corporación que presidió Santiago Martínez Cabrezas, y abandonó el andalucismo por el PSOE en 1983, donde volvió a trabajar como concejal.

Pasión e ilusión.
Fernando Navarrete López-Cózar resume su actividad como concejal de Almería (1979-1983) de la siguiente forma: “Diseñamos la Feria de Almería actual, a pesar de la discrepancia de los demás grupos. Se consiguió llenar todo el mes de agosto de actividades culturales con un modelo de gestión municipal participativa repartidas en teatro de grupos de aficionados, festivales andaluces de primera magnitud y recitales de feria. Se llevó a cabo la primera reivindicación del cargadero del mineral como seña de identidad almeriense, con un siglo de existencia en nuestro paisaje; por ser la única huella aquí de la revolución industrial y por ser una obra de arte. Para ello se utilizó la imagen del cargadero de mineral en el cartel y programas de Feria”.

Para Navarrete, hoy, afortunadamente, y tras mucho luchar por ello, el monumento ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por la Junta de Andalucía y concreta la actividad cultural que impulsaron desde la corporación: “La recuperación como barrio habitable de La Cañada, El Zapillo y Ciudad Jardín, en estrecha participación con los vecinos”. Sus percepciones del Gobierno municipal tripartito son positivas: “Empezó siendo muy dinámico de buena coalición y dando imagen de que dos eran sus preocupaciones importantes. La gestión municipal, inexistente desde varios años antes, con asuntos sobre la mesa un pleno tras otro y con ninguna posibilidad de que la prestación de servicios fuera adecuada (sólo y en malas condiciones se podía atender contra incendios por debajo de la 3ª planta, cuando existía la 12ª…) Quitar a funcionarios y a almerienses en general los temores a un Gobierno de izquierdas y dejar claro que con ese Gobierno democrático es como era posible abrir el ayuntamiento a los ciudadanos, que habían dejado de ser súbditos”.

Esa labor apasionante de los primeros años democráticos fue bien valorada. “Apasionante e ilusionante en la forma que hacíamos Almería y Andalucía”, recalca Navarrete, “pero tuvo serios problemas en determinados aspectos; hasta el extremo de –en vista de que no se conseguía el acuerdo que creíamos necesario– llegar a que andalucistas y comunistas denunciáramos en tres ocasiones en el juzgado al Ayuntamiento, por discrepancias en temas urbanísticos y se nos dio la razón en dos de ellos, mandando el juez al alcalde que parara la actuación en marcha (derribos), aunque siguieron adelante. Mi paso por el Ayuntamiento representa una de las etapas importantes en mi vida política; aprendí mucho (creo que puede ser la mejor escuela de formación para un político) y estoy satisfechísimo de la gestión hecha por el grupo municipal andalucista. Yo sé que en esa buena valoración de la primera corporación municipal de Almería los Andalucistas estamos en la mejor posición posible”.

Al final del mandato municipal, se produjeron discrepacias con el PSOE que aclara el militante andalucista. “El que era portavoz andalucista decidió cambiar de chaqueta y militar en ese partido. Incluso el alcalde se negó a delegar en otro las competencias que ese concejal tenía asumidas en virtud del pacto de gobierno hecho a tres bandas. Se ve que el antes compañero midió bien las posibilidades de ser concejal en la siguiente corporación, ya que, con sorpresa para muchos, no hubo representación andalucista”. Interpreta el éxito socialista de la década: “Creo que se debe tener en cuenta la avalancha de voto hacia el PSOE, una vez que los ciudadanos tuvieron la constancia del derrumbe de UCD y les entró el miedo a un acceso de la derecha al poder, representada por Manuel Fraga con toda su fama (“la calle es mía”) de cuando fue Ministro del Interior en la dictadura. Y todo ese escenario bien propiciado por el PSOE. Esas elecciones resultaron como una continuación de las Generales de 1982, cuando el PSOE accedió al Gobierno de España, como en cierta medida lo fueron también las Autonómicas”.

Declive andalucista.
En cuanto a la frustración andalucista, Navarrete destaca; “Este fracaso electoral en las elecciones municipales de 1983 no se ciñó a Almería, sino que se dio de manera generalizada por Andalucía. El PSOE, una vez más, supo aprovechar con inteligencia esos vientos favorables y nos vimos en la travesía de ese medio desértico, políticamente hablando. Los andalucistas trabajamos duro durante esa etapa y contribuimos de manera importante a la concienciación de los ciudadanos en la necesidad de la descentralización y en la necesidad de una gestión autónoma. Siempre propugnamos que el municipio es el eslabón más cercano en el autogobierno, lo cuál no quiere decir que debamos ser localistas; todo lo contrario, el localismo es un instrumento del centralismo. También logramos impregnar todas nuestras actuaciones de “lo andaluz”. Sabemos que nuestra labor ha sabido capitalizarla nuestro más directo competidor político, el PSOE. Esa concienciación que hemos conseguido en los ciudadanos también ha influido en ese partido”.

Da la impresión, por su forma de ser y su sólida trayectoria, de ser un hombre que se mueve hacia la izquierda. “Los andalucistas habíamos llegado a la política, convencidos de la necesidad de un fuerte cambio de la dictadura a la democracia”, recalca Navarrete, “con clara opción de izquierdas y con las ansias de lucha por conseguir la liberación de Andalucía de los sometimientos que veníamos sufriendo en el terreno cultural, económico, político. Necesitábamos ser autónomos. Que nuestra cultura no se nos hurtara más para estereotiparla folklóricamente, para “venderla” como “la” cultura española, pero de pandereta; dejar de ser una “colonia dependiente”, definida así por los economistas, dentro del Estado español”.

Fernando Navarrete está convencido de seguir la huella para ensanchar, defender y divulgar nuestras señas de identidad. “Tenemos aspectos claramente diferenciadores de los otros pueblos de España, entre las que se pueden citar nuestra manera peculiar de hablar (“habla andaluza”, sin referirnos a idioma o lengua que hoy ya no existen en Andalucía como propios); las costumbres, idiosincrasia, gastronomía, folklore y en definitiva lo nuestro”.

Los andalucistas trabajan por las máximas competencias de autogobierno. “Conquistamos ese derecho con la manifestación pública de más de un millón de andaluces el 4 de diciembre de 1977 y superamos en 1980 las condiciones impuestas, rompiendo así el diseño de mapa autonómico esbozado por los partidos centralistas  junto a nacionalistas vascos y catalanes al elaborar la Constitución y normas que la desarrollaron para el acceso a la autonomía plena por la vía rápida del artículo 151 de la Constitución. Desde un primer momento hubimos de informar de la historia reciente andalucista, de su caminar de la mano de Blas Infante –personaje desconocido para la población en general– y demás componentes de las Juntas Liberalistas de Andalucía (en 1978, estos depositarios del legado del Andalucismo Histórico se integraron en el PSA-Partido Andaluz, hoy Partido Andalucista); también de la existencia de los símbolos de Andalucía: Bandera, Himno y Escudo, aprobados a principios del siglo pasado en asamblea andalucista. Y hacíamos esas campañas luchando contra corriente, por la actitud de “todos” los demás partidos políticos, que negaban esa historia y llegaban hasta a ridiculizar las manifestaciones que hiciéramos en ese sentido”

Navarrete sigue siendo uno de los guardianes más cualificados de la esencia andalucista en Almería y un gestor de reconocida labor. En los medios de comunicación de Almería cuenta con la casi unanimidad de ser hombre de talante y diálogo,
   
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