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  22 de julio de 2011
  José García Pérez
  Francisco Villodres, la intuición política
  Francisco de la Torre Prados, actual Alcalde de Málaga, había llamado por teléfono a casa para mantener una entrevista con él. Acudí a su domicilio, donde me invitó a formar parte de la candidatura que UCD presentaba en esta provincia de cara a las elecciones del 15 de Junio de 1977. Más tarde investigué que idéntica solicitud había sido realizada a mi amigo y compañero de profesión José Sánchez Blanco y que éste, al tiempo de rechazar la propuesta, puso sobre el tapete mi nombre. Mi vida, gracias a ellos, se ha enriquecido en numerosos aspectos.


Retardé algunos días mi contestación al respecto y una vez que decidí dar el paso, quedamos en vernos en una oficina de la Alameda Colón para, tras una reunión con otros invitados, candidatos la mayoría, confeccionar la relación ordenada de los que optábamos a un escaño en el Congreso y el orden alfabético para los candidatos a Senadores del Reino. La oficina era propiedad del economista Francisco Villodres García.

Fue ésta la primera vez que vi a Villodres, así como al resto de presentes, con excepción de Francisco de la Torre por las razones explicadas en el primer párrafo. No sé cómo fue el inicio de UCD en otras provincias, pero en Málaga se podría afirmar que la gran mayoría de los fundadores había tenido relaciones políticas, más o menos fluidas, con el régimen franquista o, si lo prefieren, con sus estertores. Francisco Villodres fue una de las pocas excepciones.

Alrededor de una gran mesa de reunión se encontraban, si la memoria no me falla, entre otros, Cayetano Utrera, José Ignacio Fernández Berjillos, Ignacio Huelin Vallejo, Joaquín Tena Arregui, Federico Brikman, Manuel López Ayala, José Ángel Carrera, Francisco de la Torre, Francisco Trujillo, Elena Blanco Briones, José Luis Rodríguez, Villodres García y el que estas líneas suscribe. Estaban, pues, los representantes de la socialdemocracia de Fernández Ordóñez, los liberales de Joaquín Garrigues, los social-liberales de Manuel Clavero Arévalo y algún testigo de Pío Cabanillas.

No sería honrado por mi parte el no reconocer que De la Torre Prados y Francisco Villodres -socialdemócratas de Fernández Ordóñez- fueron los que dieron la “batalla” para que yo fuese incorporado como nº 3 de la candidatura al Congreso. En verdad, para todos yo era un desconocido al igual que ellos para mí. Fue tal vez por esa razón, por la que mi nombre en la “papeleta” de voto apareciese como Independiente, ya que me negué a estar vinculado a cualquiera de las “familias” que conformaron la coalición de UCD.

Durante la campaña electoral, con esos mimbres citados y algunas personas más que se incorporaron a la misma -habría que destacar la labor que realizaron Manuel Montes Cleries, Manuel Sánchez Escobar y JRP en la captación de interventores y apoderados de la formación centrista-, Francisco Villodres tuvo información de que la candidatura al Senado por las izquierdas -formada por Antonio García Duarte, Enrique Brickman y Braulio Muriel- tenía el mayor número de posibilidades de salir victoriosa, en cuyo hipotético caso tan sólo un senador centrista podría incorporarse a la Cámara Alta.

Villodres inició, por su cuenta y riesgo, y previa conversación con algunos miembros de la candidatura al Congreso, yo entre ellos, una campaña personal con carteles y cuñas de radios, en la que hacía constar: “El último en la lista, el primero por Málaga”. La singularidad de su mensaje consiguió que el peor situado, alfabéticamente se entiende, se erigiese con el escaño y, al tiempo de levantar algunas susceptibilidades, demostró su habilidad, inteligencia e intuición en el mundo de la política.

UCD obtuvo tres diputados (De la Torre, Huelin Vallejo y el autor de estas líneas) y un senador (Villodres). Tras las elecciones, un grupo de quince personas se reunían para elegir presidente provincial a Francisco de la Torre. A la secretaría general optamos Tena Arregui y un servidor, que fui el elegido.

Unión de Centro Democrático, con esa amalgama de tendencias políticas, inició su corta andadura política. Aunque a veces la estructura chirriaba más de lo debido, fue una pieza importantísima en la consolidación de la democracia española. Hoy, en su desaparición, se le reconoce más que en vida. No sé si ocurre igual con Francisco Villodres, el malagueño que llegó a ser portavoz de la mayoría centrista del Senado y faltó el canto de un euro para convertirse en Ministro de Hacienda.

Fiel y leal a Adolfo Suárez, Villodres parecía masticar la verdad en sus intuiciones políticas.
   
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